jueves, 16 de marzo de 2017

Escarabajo en apuros









Resultado de imagen de escarabajo boca arriba   






   Los célebres versos machadianos, "Caminante no hay camino, se hace camino al andar"... le sonaban a chino a Ángel Mancilla Rubio aquel día, al no poderse mover por haberse transformado en un escarabajo, estando para más inri patas arriba y de espaldas a la realidad, coincidiendo con la eclosión de la primavera.
   El siniestro suceso le acaeció de improviso, después de haber estado todo el año en pie de guerra preparándose con sumo esmero para la brega de la Semana de Pasión, a fin de ayudar en la medida de lo posible a la cofradía de sus amores, entregándose en alma y cuerpo, guardando los preceptivos ayunos y abstinencias, y asistiendo así mismo con el grupo a los pertinentes ensayos de tronos para ejecutar al unísono la tarea de costalero, y agradecer de camino los excelsos dones recibidos del Dios Creador, pero he aquí que de repente vio truncadas todas las esperanzas.
   No hay que olvidar, por otro lado, que a Ángel Mancilla Rubio le hubiese encantado pelear en los años jóvenes con todas sus fuerzas por obtener un puesto privilegiado en alguna misión evangélica allá por los confines del globo, cuando sus inclinaciones rezumaban fantasía y un mudo asombro, explayándose en aventuras celestiales.
   Por lo que no tuvo más remedio que reconocer públicamente que desaprovechó la ocasión de haberse enrolado en alguna orden religiosa como soldado de Cristo, por ejemplo, llevando sin cortapisas la Buena Nueva a donde hiciera falta, y le hubiese pesado menos seguramente que un trono, pero se durmió en los laureles.
   Y hubiese sido posiblemente la mejor solución para sus ideales soñados, realizando periódicas incursiones por el mundo pagano, arrancando la mala hierba y sembrando el dictado evangélico con la espada de la palabra, que era su fuerte, pergeñando todo con abundante facundia y la mayor naturalidad del mundo, dejando atrás los cantos de sirena, los desencantos y atónitos a propios y extraños.
   En tales circunstancias fantasmagóricas y exóticos escenarios brillaría como los chorros del oro, rumiando con dulzor lo que no está en los escritos, así por ejemplo, que iba bajo palio en un solemne desfile procesional, escuchando ardientes arengas, vítores y rogativas para que ablandase el cielo el corazón de las nubes y lloviese en abundancia engalanándose de hermosura los campos.
   En los irrefrenables hervores de juventud, anidaba Ángel Mancilla Rubio entre pecho y espalda un sinfín de ensoñaciones y sorprendentes quimeras, lamentándose, no obstante, en los círculos cercanos de la ocasión perdida, que a buen seguro le  hubiese catapultado a lo más alto, a un universo pletórico de gozos y máxima dicha, si consciente de ello hubiese asentado a su debido tiempo la cabeza y escuchado la voz del alma que en montañas o valles le hablaba sotto voce, impulsándole a escalar los más elevados peldaños eclesiales como, por ejemplo, haberse investido nada menos que de sumo pontífice, que era lo que acariciaba convencido en su fuero interno por sus cualidades y chance, cual niño que pide la luna, siendo transportado en esa milagrosa estela como obispo de Roma, bien en una nube o en la silla gestatoria con coqueto capelo, todo de blanco, sin mancilla alguna.
   Pero el tiempo echa por tierra a zancada limpia las campanadas de las doce uvas y los deseos más nobles, echando por trochas inverosímiles, ocurriendo que en mitad de los sueños se despertó A.M.R quedando literalmente para vestir santos, como popularmente se dice, siendo prácticamente a lo que se dedicó durante un tiempo sin aspavientos ni el menor regomello.
   Todo eso y no otros devaneos o proyectos era lo que hervía en sus entretelas y cerebro, y pensaba llevarlo a la práctica en la trágica semana de Pasión, entre otras cosas porque era harto devoto de semejantes ceremoniales, cuando de súbito le vino la transformación, y llegaba con la primavera cogida de la mano, como dos gotas de agua, cuando eclosionaban los capullos en los campos con el mayor fulgor, sembrando esplendores y alegrías sin fin.
    Y no comulgaba con los últimos designios divinos, ser un escarabajo, no quería que nada ni nadie se interpusiese en su camino, no conformándose con lo que le ofrecía el Todopoderoso, el verse en el espejo del río como un insignificante insecto, poniéndole todo patas arriba, impidiendo seguir el viaje de su imperiosa vida, que con tanta urgencia le apremiaba.
   Se le antojaba demasiado empalagoso y denigrante el martirio que engullía, acarreando todo un maremagno de contrariedades, mas si al menos recuperase algunas remembranzas y sonrisas de sus sueños de juventud, a lo mejor podría darse por satisfecho, y así poder participar en los ansiados pasos de la Pasión en primer plano o al menos como el que más, llamando la atención en el encendido cortejo pasional, oliendo a cera y humo, con evanescentes humos, y de ese talante pudiese domeñar su innata furia y aclimatarse al nuevo hábitat generado, matando el gusanillo de la edad de oro.
   ¡O témpora, o mores! Aquella ínclita época dorada de la vida de Ángel Mancilla Rubio, en la que soñaba con ser el primero en primavera, sonriéndole por los caminos las multicolores fragancias y las frescas fuentes, rebosando alegría y jovialidad terrenal.
   Y sobre la marcha, según avanzaba en la vida, hizo un alto en el camino y recapacitó con firmes argumentos sobre su vocación divina, considerándose envidiado en cierto modo por las rutas que exploraba, creyéndose en su interior que iba en olor de santidad, destilando agua bendita o exacerbados elixires de admiración, alimentando el ego con afectuosas reverencias y golpes de pecho, discurriendo tan feliz y envalentonado al cuajar en la tierra que pisaba la semilla de su palabra, aunque mirando por encima del hombro a la turba, que se agolpaba expectante en torno a él, elogiando las rutilantes y luminosas dotes de predicador, cual otro fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, narrando incluso lo que no viene en los libros bíblicos, ensartando de carrerilla un rosario de chascarrillos y legendarias hazañas divinas y humanas, sintiéndose todo un ungido de la mano divina.
   Y de golpe y porrazo le sacudió la terrible hecatombe, el mal trago que se le ofrecía sin venir a cuento al amanecer, convertido en un vil escarabajo de espaldas al día a día, llegando a ser un juguete en manos de los niños o el hazmerreír de visitantes y residentes, como si desfilase en un pasacalles con gigantes y cabezudos en los fiesteros actos del pueblo.
   Ya en plena faena procesional, cuando sonaban los toques de corneta de la banda de música y el redoble de tambores marcando el ritmo por las callejuelas del pueblo se le encogía el corazón, sudando la gota gorda, y se mordía la lengua, que la tenía ennegrecida de tanto usarla, aguantando el chaparrón para no pedir a gritos ¡auxilio! ¡socorro! ¡sacadme de este caparazón!, rodando como iba por los suelos, como auténtico escarabajo patas arriba, lo que le impedía pregonar las aventuras, sus batallitas, y menos aún cultivar los campos de la ciencia grecolatina, aunque utilizase latín macarrónico, o de la flora, plantando tubérculos, fresas, lichis o cítricos.
   Y como no le quedaba otra, al no haber llegado a saborear las mieles de pontífice ni fraile ni misionero con la cruz, ni haber estado partiéndose el pecho por tierras remotas sembrando sus conocimientos, los que había ido asimilando a su imagen y semejanza, pues necesitaba una salida digna como el comer, aunque acorde a las posibilidades de escarabajo y a las expectativas de su ensimismamiento en los vaivenes divinos, flotando siempre por encima de las turbulencias mundanas, y en ese remolino de aguas rebeldes, desquiciada casuística y entreverados mundos de colores, tuvo la feliz idea de lanzarse al barro de costalero de la Pasión, sudando la camiseta como el que más.
   Así fue como logró A.M.R resarcirse de las cenizas, disfrutando de sus embelesados y humeantes aires semananteros, demostrando per se su valía, el haber sido elegido por las alturas el discípulo fiel, pese a haberse quedado, sin embargo, tirado en la cuneta como un escarabajo, olvidado del mundanal ruido y a escasos metros de una isla liliputiense, al no haber alcanzado mayor envergadura para otras empresas de acarreo de materiales con mayor fundamento humano.
   En los avatares que acontecieron en el transcurso de la nueva vida, se vio privada la criatura de los más elementales paños calientes y así mismo de lo último a lo que aspiraba, ir de penitente destilando brillo, humo y cera, y no tuvo más remedio que ir apagando los chispazos de egolatría con la llegada de la luna menguante y un rictus rojizo junto a las escandalosas ojeras por mor de las largas noches de vigilia pascual.
   Y lo que de verdad contaba, tras el trajín de tan megalómano follaje, era lo que todos los más íntimos advertían incrédulos, que su batallar tan exasperado y vibrante por los senderos del vivir (y más ahora como escarabajo patas arriba) se había visto tronchado bruscamente por un viento huracanado, sin preguntar lo más mínimo sobre su última voluntad, asomando de súbito por la ventana a la par que la primavera.
   Y de esa guisa, envuelto en una aureola de impotencia y humillación extrema, se calzaba Ángel Mancilla Rubio los zapatos rojos  aquella mañana con todo el dolor acumulado en los negros días de su existencia, cuando la Divina Providencia le negó la Luz de la razón, otro siglo de las Luces, para superar con garantías los badenes de la vida en sazonada cordura entre cofrades y hermanos del mundo, viéndose obligado a apechugar con lo decrépito, lo vejatorio o los crematísticos tejemanejes coyunturales quedando a la luna de Valencia, resultando ser todo al fin la escenificación de una singular cremá de noche de San Juan con los judas de turno, las frágiles figuras y los tupidos ramajes burlando al personal, que ardían en la hoguera de las vanidades.
   En el fondo, el frac que llevaba el escarabajo era en realidad el auténtico y un plagio el que utilizaban los mortales en los disfraces.
   El fin corona la obra, sentenciándolo la frase, "Vanitas vanitatum et omnia vanitas" (Vanidad de vanidades y todo  vanidad)