martes, 9 de abril de 2019

Calzado

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   Sospechaba Ludovico en su fuero interno que el camino que le aguardaba en la vida no sería de rosas, sino áspero y lleno de obstáculos, como un bosquejo, por ejemplo, del camino de Santiago.
   En su tiempo vivido había transitado por senderos oscuros y luminosos en días atormentados o de calma chicha, atravesando por las encrucijadas veredas de verdes juncos y cañadas de secos carrizales. La climatología, ajena a lo humano, hace de las suyas, pues nunca llueve a gusto de todos, por lo que hay que apretarse los machos y sudar la gota gorda poniendo al mal tiempo buena cara, y seguir al pie de la letra las enseñanzas de la madre experiencia cuando dicea Dios rogando y con el mazo dando, dando por descontado que el rey en los andares es a todas luces el calzado, y habrá que ir con pies de plomo atentos a lo que nos circunda, no confundiendo a personajes como Don Gil de las calzas verdes en el teatro de la vida, y si se empecina la duda telefonear a Tirso de Molina para esclarecerlo.
   Es bien sabido que hay gustos como colores, y más aún si se toma en consideración las dificultades de los derroteros por donde se discurre, siendo necesario sopesar los pros y los contras del terreno hollado. En tales avatares, los animales de carga prestan a los humanos una incalculable ayuda, siendo a su vez los más sabios, burro, mulo o caballo, resaltando su nobleza, y bien calzado con su herradura salta al galope cualquier obstáculo, siendo más veloz que el viento.  
   Por ende habrá que especificar los rasgos distintivos del calzado según por donde se desplace la gente; para andar por casa, pantuflas, zapatillas, alpargatas o babuchas; por la playa, sandalias metidas por el dedo para moverse por las movedizas arenas, siendo acariciados los pies por la blanca espuma a la orilla de la mar, aunque sin fiarse por las repentinas acometidas de las olas subiéndose a veces a las barbas, corriendo el riesgo de pisar desnortadas medusas columpiándose en el líquido elemento, o atolondrados pececillos dando las últimas bocanadas fuera de su hábitat por un golpe de mar; y para ir por la montaña prima el calzado serio y robusto, como abarcas, agovías o botas con objeto de superar las escabrosas rutas sorteando los peligros, a sabiendas de que en cualquier punto puede saltar la libre.
   El calzado palaciego, todo lujo y boato con bordados y peinados, vestidos y músicas acordadas, nada tiene que ver con el de la pobre y humilde casa, donde convive la pareja participando activamente, bien en gorjeos, puestas de sol o salidas de tono, bien en bailes domésticos o miradas turbias que surgen sin remedio en los fregados familiares, hasta el punto que un elevado porcentaje de percances tienen lugar en la propia casa, quemaduras, roturas de clavícula, espalda o miembros inferiores por insulsas caídas.
   Algunos veces se circula por el habitáculo desnudo o descalzo al salir del baño, recibiendo telúricas sensaciones del centro de la tierra, que tanto poder y misterio esconden en sus entrañas, haciendo gala de ello cuando menos se espera mediante tsunamis, terremotos o fugaces tornados.
   Y es de suma trascendencia contactar con los pilares del alma y de la vida, como sucede en el entorno de algunas órdenes religiosas, que apuntan en sus reglas y breviarios el uso del calzado, prescindiendo de sus ventajas y protección, alimentando una especie de fobia aquellas que se denominan Descalz@s, sacando punta a semejante nomenclatura izando la bandera de la ejemplaridad y la pobreza evangélica en un intento por purificar el alma desnudando los pies, pisando con beatífico sigilo por la vida, y no caer en la vida muelle ahuyentando lujurias, hedonismos o una vida regalada.
   Las modas y el esnobismo nudista no se quedan arrinconados entre los muros del convento, sino que se expanden como el polen invadiendo arrabales o inverosímiles parajes, como ocurre con las criaturas denominadas perros flauta, que van a calzón quitado descalzos con el can y un instrumento de aire o cuerda de una lado para otro inmersos en la vida natural y la bohemia, buscando el sostén de la vida, unas monedas o coscurros o coca tocante y sonante, y apaciguar las neuronas ávidas del milagroso alimento pisando fuerte por renglones torcidos desafiando a los más adversos elementos, pinchos, cristales, clavos, agujas u otros escrúpulos, y no se les cae la cara de vergüenza o el alma a los pies, sino que van sacando pecho porfiando contra las inclemencias climatológicas, no amedrentándose por nada por raro que fuese, bichos terrícolas o aéreos que merodeen en derredor, y con semejante arrojo o porte navegan sin rumbo yendo de la ceca a la meca, del campo a la urbe, del río revuelto al desmadre de la movida, mirando por encima del hombro a quien le niegue los diezmos vitales (el euro) para la compra de carburante o bocatas (¡qué secreta materia acuñada con tecnicismos o críptica jerga que va de boca a boca, que aboca al éxtasis o evoca un incienso de mundo feliz, sumergiéndose en el carpe diem, en un celestial delirium tremens! ...).
   Durante un tiempo asistió Ludovico a una academia de oposiciones al Cuerpo del Estado, y en los recesos iban a la cafetería a tomar un tentempié o refresco entre chispeantes charlas e impacientes por mirarse y saludarse y trasmitir los pesares, empatías o dónde apretaba el zapato, apuntando ellas que lo primero que miraban de los chicos eran los zapatos, si brillaban como espejos pudiendo verse el rimel o polvetes del rostro o el lunar junto a la comisura de los labios, recordando a los cuentos, Había una vez... preguntando, espejito, espejito, ¿quién es la más bella del reino?... Mas en ocasiones al pisar la calle, una mala paloma obsequiaba a Ludovico tal vez por despecho con un lingotazo de excremento dejándolo tirado en la cuneta y fuera del concurso, no pudiendo competir con los demás a la hora del reparto de la tarta en el banquete amoroso.
   El calzado tiene tanta solera y trascendencia en los vaivenes de la vida que ha dado pie a un carrusel de dichos populares o aforismos calzando los cerebros de las criaturas, a saber:
   Llevar sueños en los pies, es empezar a hacer los sueños realidad. Dale a una mujer los zapatos adecuados y conquistará el mundo. Con una buena media y un buen zapato hace la madrileña pecar a un santo. La salud del viejo, más que en el plato, está en el zapato. Para conservarse en forma, poca cama, poco plato y mucha suela de zapato...
   Y como broche, ponerse las botas con versos machadianos por la travesía vital, Caminante no hay camino, se hace camino al andar....llevando siempre un buen  calzado.
                  
           
   




jueves, 28 de marzo de 2019

Leyendo un libro

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   Estaba Valerio leyendo un libro y empezó a estornudar. Tortícolis, mialgia o quién sabe qué demonios de bacteria lo traía por la calle de la amargura sacándolo de quicio, al toser como un verraco interpretando sin querer una macabra pieza musical, desencadenando todo un carrusel de carraspeos inflados a más no poder, corriendo el riesgo de quedarse sin voz de por vida.
   De nada servía que tomara todas las debidas precauciones y remedios, ingiriendo mejunjes celestinescos, típicos caramelos anti tos o hacer gárgaras o inhalaciones a la luz de la luna cuando arreciaban las puñaladas contra su garganta, como si ya no tuviese bastante con la faringitis crónica que padecía.
   Los potingues o selectos compuestos de herbolarios que engullía no estaban por la labor, no mostrando visos de mejoría neutralizando el torpedeo de los vuelos de Valerio, aminorando los crueles latigazos, aunque podía llorar con un ojo cuando utilizaba la braga del cuello colocándola justo en la boca.
   Ay, pobre de Valerio si por un casual no llevase encima tan vituperada prenda, con los parabienes primaverales y bendiciones que le suministraba en momentos tan críticos, pese a lo mal visto que está el mencionarla por identificarla con un sonido rústico o de baja catadura moral relacionándola de forma subliminal con el sexo, como si apuntase al mismísimo Belcebú, exigiendo una penitencia como contrapartida, un imperioso ave maría purísimasin pecado concebida.
   En tales avatares el viciado sobresalto de la pareja era de tal envergadura que cualquiera medianamente amueblado podría elucubrar que en tales coyunturas se estaba pergeñando una violación de género, siguiendo el guión de estimulo y respuesta, porque cada vez que vislumbraba en la boca de Valerio la pestilente prenda se sentía asaltada en su incólume ego, haciendo gala de un pulcro alarde por pasar desapercibida allí por donde circulara, pugnando por tirar por la borda tan saludable recurso, plantándose en mitad de la calle desafiante descalificando tan denigrante acción, poniendo el grito en el cielo.
   Hay que reseñar que toda la rocambolesca parafernalia de tales tejemanejes no se producía por generación espontánea, sino que poco a poco iban engordando la manzana de la discordia, al igual que llegan las estaciones en el almanaque, las campanadas de las doce uvas de fin de año o la gotera que horada la corteza del cerebro como si de cualquier roca o alcoba se tratase, y de repente explosionase con la furia de un volcán echando por tierra las más sanas intenciones, fulminando los buenos auspicios y fragancias que sonreían a Valerio,
   Son de dominio público las voces bíblicas que describen la vida de los primeros habitantes del planeta Tierra cubriéndose sus partes con hojas de parra o similares una vez que tomaron conciencia de la desnudez, pero con el paso del tiempo todo cambió, y las hechuras de las prendas se han transformado tanto por las modas que si Dios se diese un garbeo por cualquier paraíso  o chiringuito se quedaría de piedra al observarlo, pues no se parece en nada a los prístinos taparrabos de antaño, siendo en nuestros días más humanos, cómodos o excitantes según las preferencias o marcas.
   Hay que tener en cuenta que la lencería no se duerme en los laureles, y sigue creando y confeccionando prendas íntimas a pasos agigantados atendiendo a una clientela cada vez más exigente, diversa o caprichosa, que se inclina por los más atrevidos o rebuscados patrones, teniendo en cuenta que en algunos casos tiende a despertar la libido, así como para hacer caja con las novedosas creaciones, encandilando los sentires de la gente, siendo hoy el pan nuestro de cada día tanto con tanga como sin él, o más aún, sin hojas, sin lencería ni nada parecido, al natural, tal como vinieron al mundo, gracias a la revolución tecnológica, tatuando o pintando las partes pudendas con pintorescas florecillas del campo o celestiales filigranas para ambos sexos.
   Por ende el hecho de que la pobre boca, el orificio por donde entra la comida o cualquier otra cosa al uso, como lo rubrica el dicho popular, "en boca cerrada no entran moscas", bien sean insectos voladores, polen, aire frío o húmedo, pudiendo causar estragos en las delicadas tragaderas humanas (cual máquinas tragaperras...) e incluso para las más sensibleras en ciertos casos, llegando a ser pasto de las llamas en las encrucijadas de la alergia, provocando innumerables tropelías, no pudiendo llevar una vida normalita, como ir al teatro, cine o conciertos por el desagradable ruido gestado durante los eventos, penetrando incluso en el interior del propio habitáculo subiendo la marea de las aguas de la convivencia, como si ya no fuese de por sí harto onerosa la estancia compartida, ingeniando tornados artificiales hasta límites insospechados.
   En determinados momentos parece evocarse el celuloide de la gata sobre el tejado de cinc, o acaso la gota que colma el vaso agravando las adversidades, estando al quite al menor resquicio, prorrumpiendo en el mitad del silencio reinante como un trueno exclamando: -¡Como no te despojes del chisme que llevas en la boca (braga), me largo para siempre! echando por tierra los pilares de la existencia.
   ¿Hay quien dé más por una bocanada de humo o prenda de vestir consistente en una tira ancha, corta y cosida por los extremos, de lana u otro tejido, que se pasa por la cabeza y se pone alrededor del cuello, y a veces tapando la boca como protección, llamada también braga?
   En algunos círculos conlleva un tufo pecaminoso, como si se nombrase las pútridas tripas del mal o del Infierno de Dante.
   Es cierto que nunca llueve a gusto de todos, sin embargo sería bueno recordar el artículo de Larra titulado, "Todo el año es carnaval", donde exhibe el cultivo de lo evanescente y ruin que brota por las esquinas, ninguneando la cordura y el sentido común. 
   
   


jueves, 14 de marzo de 2019

Soñando...




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   Axa nació en una chabola de un poblado keniata. A los  tres años su familia la ofreció en matrimonio a un desconocido para ella, dueño de una reata de camellos porteadores de mercancías a través del desierto. Ese beduino era uno de los que dictaban leyes a los habitantes de la comarca, y dirigía eventos cruciales a mil leguas a la redonda. Su palabra era la ley.
   Un día habló con la familia de Axa a fin de sellar un contrato de venta del bebé  firmado y rubricado por ambas partes, corriendo serios peligros si por algún imponderable la promesa no se llevase a cabo.
   Axa aún llevaba pañales o algo similar, dado que la falta de medios no le permitía otra cosa, pero sus ojillos claros y penetrantes tenían el punto de mira muy lejos, soñando en ciernes unos proyectos libertadores que atravesaban todo tipo de montañas y barreras por muy gruesas y compactas que fuesen, refrescándole las calurosas tardes del tórrido clima africano, propiciándole a tan corta edad el poder conciliar el sueño, compartiéndolo estoicamente con infernales mosquitos y gigantescas moscardas en derredor.
   Unos años más tarde, al cumplir Axa los dieciséis, se apuntó en una asociación cuyo objetivo principal consistía en crear una cooperativa para conseguir unos saneados ingresos que le permitiesen llevar una vida digna, cubriendo las necesidades del día a día, sustento, vestimenta, enfermedades y algún que otro caprichito, y con el tiempo ir ahorrando para poner tierra de por medio escapando cuando llegase el momento oportuno en algún cayuco o patera rumbo al paraíso, a la vieja Europa, dejando atrás las penurias, hambre, pandemias o el sometimiento familiar, huyendo del compromiso matrimonial especialmente ella, que la habían obligado en contra de su voluntad.
   Un 15 de agosto de luna llena y mar en calma chicha se embarcó Axa con 55 personas más en un cayuco llevando en su vientre una nueva vida, estando embarazada de seis meses del que fuera su legítimo marido a la fuerza.
   Durante la travesía hubo todo tipo de contratiempos y calamidades, tanto es así que dos compañeras de viaje cayeron al agua por el brutal golpe de una gigantesca ola borrándolas del mapa,  y nunca más se supo de ellas.
   Axa, una vez que arribó a España, se sentía feliz y contenta, al haber alcanzado lo que estaba soñando, su libertad, y el deseo insoslayable de desarrollarse como persona.
   Ahora lo que más le preocupaba era la buena salud del hijo que iba a traer al mundo en tierras españolas, pensando muy mucho en buscar la forma de que no le faltase de nada para su crianza, y fuese el día de mañana una persona responsable haciendo el bien a los demás, y con un porvenir seguro. Vino al mundo en el cortijo donde se alojaba en tales fechas, siendo todo un agradable e inolvidable acontecimiento.
   Fue pasando el tiempo, y Axa seguía trabajando en los campos almerienses bajo los mares de plástico cayendo un sol de justicia, que derretía hasta los sesos de los insectos.
   Cuando cumplió 8 años el hijo, a preguntas de los mayores contestaba diciendo que quería ser torero o futbolista, y no había pasado un lustro cuando lo fichó un equipo de fútbol de campanillas logrando sus sueños, siendo para él todo un acierto.
   Ahora Axa vive feliz y satisfecha en una casa en la costa almeriense, viendo a su hijo cuando viene de vacaciones. ¿Quién le iba a decir a Axa hasta qué punto cambiaría su vida, que estaría disfrutando de su buena suerte y la de su hijo, ganando un buen sueldo como futbolista, siendo la envidia del barrio.
   Cuando recibía noticias de Kenia, se sentía un tanto deprimida y rabiosa al conocer la indigente marcha de su familia, que tenía que enfrentarse a la escasez de agua, medicinas y alimentos por la penuria y hostilidad climática, aunque le alegraba que superasen las terribles enfermedades del continente, paludismo, lepra o malignas picaduras de insectos.
   Axa se encuentra ahora gestionando con el consulado algo que le otorgaría la felicidad plena, el traslado a España de sus padres, queriendo compartir con ellos su bienestar y satisfacciones poniendo en práctica el dicho popular, es de bien nacido ser agradecido.
   Hay que hacer constar que a Axa no se le caían los anillos yendo a trabajar bajo los calenturientos mares de plástico almerienses para ganarse el sustento y hacer frente a las deudas.
   El hijo se independizó tan pronto como pudo costearse por su cuenta, comprándose aquello por lo que durante tanto tiempo suspiró, una moto de alta cilindrada, al ser muy aficionado a la velocidad, pero a veces las cosas se tuercen sin remedio, ocurriendo que un día de invierno de espesa niebla y ventisca, al regresar del entrenamiento del club de sus amores loco de contento, derrapó con tan mala fortuna en una curva que acabó con su vida.
   Nunca se sabe cuándo ni dónde se extinguirá la llama de la vida.
   No cabe duda de que Axa se merecía el mejor de los anillos para una dama que imaginarse pueda, porque los anillos para damas de histórico abolengo como doña Jimena del Cid Campeador, Santa Juana de Arco o Cleopatra entre otras no le llegaban a la altura del zapato, al haber puesto ella el listón en lo más alto.              

               



jueves, 31 de enero de 2019

Una ola



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Maremotos, volcanes,  océanos
de pasión ladrando con rabia en su cuerpo,
luchando sin tregua por derruir
muros de impotencia, y verterlos
en enloquecidas marejadas
por cabos, bahías y  golfos
del litoral de sus senos
flotando en olas de Amor
hasta acariciar la tierra firme
de su planta. 


miércoles, 19 de diciembre de 2018

Llamadas al teléfono fijo



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   Las llamadas al teléfono fijo le generaban a Lucinda no pocos quebraderos de cabeza, y daba que pensar por tener visos de una coartada, exhortando inflexible y tajante a allegados y visitantes a pasar olímpicamente de las llamadas.
   Con los desplantes a tan perversas llamadas, según sus palabras, retozaba altanera en utópica pradera rompiendo una lanza en pro de la tecnología punta ingenuamente, obligando al personal a utilizar el móvil en todo tiempo y lugar, erigiéndose en su más fiel portavoz, quizás por creer que fuese de superior linaje su voz, y no quería que nadie la adulterase o manchara con añejas telefonías de la época de sus ancestros rozando la xenofobia, dando pie a ser denunciada por odio o trazas de racismo al estar infringiendo los derechos más elementales de un ser vivo como nadie, dispuesto siempre a auxiliar a las criaturas sin distinción de raza, color o credo construyendo puentes, sobre todo a impedidos, ya que sin salir a la puerta de la casa se comunicaban a miles de kilómetros con el resto del universo.
   Con tales diatribas o desmanes ninguneaba Lucinda las justas aspiraciones de un medio tan necesario y familiarizado con el hombre como es el teléfono fijo, que no busca otra cosa que hacer la vida más fácil, mejorando las relaciones humanas.
   Pero como no hay mal que por bien no venga, como dice el refrán, un día sonó con todas las de la ley el fijo de su casa, y olvidando las estrictas medidas de seguridad impuestas por ella misma cae en el pecado y lo descuelga, escuchando a renglón seguido toda nerviosa y emocionada la buena nueva, "acaba usted de ganar un crucero alrededor del mundo", plagiando de algún modo la obra de Julio Verne "La vuelta al mundo en ochenta días", información que sólo daba la empresa concesionaria a los afortunados a través del teléfono fijo.
   Resultaba chocante que llamara precisamente a su puerta la diosa Fortuna, pese a ser tan remisa y negada a tales comunicaciones, pareciendo como si el mismo demonio intentase hacer una excepción para que recapacitase y no echara por tierra tantos sueños y años de investigación y sacrificio de las tecnologías en pro del progreso, no pudiendo congratularse o celebrarlo brindando con champán como cualquier hijo de vecino por los exitosos servicios, cuando su misión consistía en conectar a la gente llegando a los más inhóspitos lugares del globo, pueblitos entre sierras o peligrosos valles aportando preñados momentos de felicidad.
   La razones de tal felonía o acaso infantil testarudez habría que buscarlas en las raíces de una oscura u oculta trama con el cariz de cierto desengaño juvenil nunca desvelado, juntamente con ciertos tics estrafalarios o dictatoriales cerrando la puerta al padre de la comunicación universal, que tantas vidas ha salvado en la contienda diaria de la existencia.
   No sería un dislate pensar que hubiese urdido Lucinda un lobby de intereses creados que motivase tan extemporáneos afanes, a sabiendas de que podrían descubrirse las urdimbres llevándose a cabo un exhaustivo estudio de sus inquietudes y atropellados pasos por las fiestas principales de la comarca, Navidad, Semana Santa o el día de la patrona, investigando los entresijos de amistades, relaciones familiares y emociones que la embrujaban en tales situaciones, aquilatando en semejantes coyunturas los pros y los contras de estímulo y respuesta, como cuando se desgañitaba echando sangre por los ojos arengando a los presentes, cual capitán a la tropa en el campo de batalla abriendo fuego en defensa propia, tal como hacía Lucinda contra el fijo.
   Y aunque no viene a cuento calibrar aquí y ahora las cuantiosas pérdidas que su caprichosa torpeza haya ocasionado a la compañía, así como los sufrimientos y contratiempos a usuarios a lo largo del tiempo por la pertinaz hostilidad a la recepción de llamadas, no habiéndose solventado en la práctica hasta que llegaron los nuevos aparatos, los célebres móviles, no obstante vaya usted a saber cuántos S.O.S. dormirán en el fondo del océano por los inconfesables devaneos de Lucinda, no casando dicho talante con los nuevos vientos de Aldea Global que impera en el cosmos, o a lo peor eran unos emponzoñados impulsos de catarsis o venganza, negando el pan y la sal a quienes venían en son de paz, sirviendo de acicate para superar los más ásperos infortunios, que de cuando en vez asoman por los ventanales de la vida.
   En ocasiones ocurría algo inesperado, que satélites, astros o la misma naturaleza, rivalizando con los gallos, se confabulaban para llamar al fijo de Lucinda al amanecer mezclándose con el rocío de la aurora, y confundida Lucinda por el sueño que arrastraba en esos instantes y un ojo entreabierto lo descolgaba, quedando patidifusa al oír el dulce e inocente parlamento del nieto en la lejanía, entre el murmullo de las ondas y oleaje de los sentimientos que le aceleraban las pulsaciones corriendo riesgos innecesarios, deslizándose alguna que otra lágrima de alegría por la mejilla, y a malas penas descifraba las onomatopéyicas voces sintiéndose confundida, creyendo por momentos que la llamaban nada menos que de ultratumba, y otras veces imaginaba que sería algún emigrante arrastrado por el mar en busca de tierra firme, y finalmente, después de tan alocados y novedosos aconteceres se despejó el horizonte, oyendo al cabo con suma nitidez una voz infantil con acento extranjero:
   -Hola abuelita, grand mather, soy yo, ¿no me reconoces?, I´m your son in law, tu nietecito Braulio, que he aprendido a telefonear. ¿Cómo estás? Me alegro de oírte, bien pronto te veré. No te preocupes por mí, ah, mira, te doy un consejito, que por mí puedes tirar el móvil a la basura, hazme caso, porque con el fijo tenemos de sobra para trasmitirnos nuestro cariño. Un beso de tu nieto.
   ¡Cuánta alegría bullía en el corazón partío de Lucinda, escuchando los tiernos latidos del nieto a través de los cables del fijo, el único que durante tanto tiempo acariciaron harto felices y contentos sus antepasados, sacándolos en multitud de ocasiones de los mismísimos infiernos!
   -Abuela, por fa, no abandones nunca el fijo, ya que como dice su nombre, de fijo que te sacará las castañas del fuego en los últimos vaivenes del tren de la vida, siempre a tu lado en la mesita de noche o sala de estar, y sin problemas de batería u otras zarandajas. Abuelita, cuídate, y piensa que los niños y borrachos decimos la verdad. Te quiero, gran mather, oma mía.
   Cuando se vaya apagando, como una vela, su vida, los pálpitos del fijo le harán compañía reverdeciendo como en los versos de Machado, "Al olmo viejo, hendido por el rayo / y en su mitad podrido/ con las lluvias de abril y el sol de mayo/ algunas hojas verdes le han salido"...
    No cabe duda de que llevará siempre en el alma Lucinda los entrañables sorbos de vida que bebió enganchada al fijo pegando la hebra con amistades, encendidos admiradores o familiares, y rememorará la melodiosa y dulce voz de su mocedad, ahora un tanto malherida, cuando solicitaba a través del fijo discos dedicados en la radio para cumples u onomásticas de los seres queridos, o participaba en algún carrusel cantando villancicos, o entonando canciones en boga yendo de excursión como, "ahora que vamos andando, vamos a contar mentiras tralará, vamos a contar mentiras tralará..., por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas tralará, por el monte las"...
   La última llamada del hospital al fijo de la casa para su intervención a corazón abierto, no tuvo respuesta. Y nunca más se supo de ella.

   

   

                                     


                                                                                                                                             



sábado, 8 de diciembre de 2018

Frutos





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   Leandro se pasaba las noches en vela dándole vueltas al proverbio, "obras son amores y no buenas razones", a cuento de darle sentido a su vida conquistando a Clotilde, muchacha casadera y de buen ver con unos marjalillos de árboles frutales en la villa.
  Leandro no hacía mucho que había enviudado de sus primeras nupcias, y quería rehacer su vida matando la soledad que le embargaba en los crudos días de invierno, amén de buscarle protección y cobijo a los dos retoños que había engendrado.
   Pero no las tenía todas consigo, tanto por parte de ella, que era muy cauta y quisquillosa, como por él mismo, que de la noche a la mañana le había brotado un raro bulto harto desagradable en el labio superior  tan voluminoso que no podía juntar los labios para comer o saludar a otra persona dándole un beso.
   Tanto es así que se pasó una larga temporada visitando a los mejores especialistas del ramo gastándose todos los ahorrillos, teniendo que pedir préstamos al banco e incluso al usurero del pueblo, y cansado de tan engorroso trajín con las idas y venidas, no pudo aguantar más, y tomó la decisión ya amasada en su psique de declararse a Clotilde, que venía de vuelta con un novio que la abandonó ante el altar con todos los familiares y amigos acompañándola en la ceremonia, habiendo tomado la decisión de desentenderse de cualquier tipo de vínculo o ataduras que se le pusiesen por delante, y no le hizo ningún caso.
   Un día, coincidieron en la fiesta de unos amigos comunes, y Leandro, algo encendido y lanzado se tiró al ruedo de la pista suplicándole un baile, a lo que ella se negó turbada alegando que tenía fiebre.
   Leandro, contrariado se sentó al lado de una amiga suya, y empezó a tirarle los tejos sacándola luego a bailar con suma ternura, lo que apaciguó la fiebre de Cloti pero se le dispararon los celos. Al cabo de un tiempo, después de tomar varios güisquis volvió Leandro a hablar con CLoti para invitarla al baile, accediendo con un fuerte temblor de piernas que no podía mantenerse en pie hasta que cayó rodando por la pista abrazándose Leandro a ella, y allí estuvieron abrazados hasta que la orquesta interpretó la última canción de Sabina, " Fue en un pueblo con mar,... y nos dieron las diez y las once, las doce y la una, las dos y las tres"...
   Por su fruto lo conoceréis...           

       

miércoles, 21 de noviembre de 2018

SER O TENER


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   Con la crisis cambió todo en la vida de Teo, no pudiendo celebrar la Nochebuena como Dios manda, compartiendo nostalgias y alegrías, entonando villancicos al compás de panderetas y zambombas, degustando los turrones y polvorones de toda la vida, y lanzando matasuegras u otras ocurrencias, al haber emigrado sus dos retoños ya hechos y derechos a tierras más prósperas donde abundase el pan, el aceite y un empleo con futuro, quedándose el nido semidesierto.
   El vacío familiar le obligaba a realizar otras actividades impensables hasta entonces, llevándolo al recogimiento y a la lectura.
   O acaso fuese una luz especial, como otrora la estrella de los pastores camino de Belén, la que le guiase hacia el estudio de conceptos ontológicos escudriñando en las intimidades del ser siguiendo los pasos de los eruditos hincándole el diente a la inconmensurable definición, "Cognitio omnium rerum per últimas cusas" (conocimiento de todas las cosas por las últimas causas), desembarcando en el universo de la filosofía, la metafísica y teodicea, empeñado en descubrir las incertidumbres y raíces de la ciencia.
   Teo, actor amateur en horas libres, rehuía encasillarse en los mismos roles o tópicos, sin embargo tras representar a Hamlet se encariñó tanto con él que se pasaba las horas enfrascado como niño con juguete averiguando el núcleo duro del dilema “Ser o no ser”, y no podía pasar página y contemplar nuevos amaneceres sapienciales, siguiendo erre que erre con las premisas y proposiciones silogísticas: "si es más noble para el alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna o armarse contra un mar de adversidades y darle fin en el encuentro. Morir: dormir nada más”…, haciéndosele muy cuesta arriba abrir los ojos a otros amores u horizontes del pensamiento.
   Diríase que se ahogaba en un vaso de agua cada vez que se sumergía en otros saberes, como por ejemplo en el discernimiento del ser y el tener, perdiendo el norte a las primeras de cambio, chapoteando a ciegas en estériles charcos o fútiles evanescencias.
   Aquel invierno había más nieve que nunca, lo que le hizo reflexionar más si cabe a Teo haciendo un alto en el camino todo empantanado, sobre todo después de visitar belenes por los barrios de la ciudad desencadenándole no pocas turbulencias en sus vuelos pensantes, despertándole unas fervientes ansias por desvelar el secreto o enigmas que envuelven al Nacimiento del Niño Dios u otras encrucijadas referentes a la Ciencialogía, una problemática que turba a los humanos, y paulatinamente fue digiriendo la mudanza experimentada en su cerebro totalmente decidido como estaba a enfrentarse a los retos que llamaban a su puerta, pero que por hache o por b no los escuchaba, frustrándose al crepúsculo sus mejores guisos o buenas intenciones echándolos por la borda por  no encontrarle encaje o un traje a medida a las tesis esbozadas, y argüir con contundencia sobre la materia en cuestión, debido a que no eran pocos los que se dejaban llevar por expresiones tales como, "tanto tienes, tanto vales", "a la gente rica, todos le bailan la jarrica", alardeando de posibles, baños de oro, ricos cortijos o envidiables caballos cartujanos comulgando con ruedas de molino, viéndose obligado a continuar con lo puesto, los maltrechos harapos cognitivos cogidos a su Ego durante tanto tiempo, el enquistado equipaje de la inmadurez.
   Aquel invierno el tiempo había hecho de su capa un sayo entrando en la comarca como Pedro por su casa, invitando al calor de una buena lumbre en la chimenea cambiando impresiones o contando cuentos, siendo interminable el níveo elemento que caía sobre los campos vistiéndolos de blanco, que ni los más viejos del lugar recordaban.
   Y en esas coyunturas tan fluctuantes se movía, planteando toda una serie de disquisiciones harto comprometidas para unos por creyentes y para otros por agnósticos, asuntos que ya habían sido tratados en su día o elaborados en sumas teológicas, compendios filosóficos o libros de bolsillo por insignes filósofos, teólogos o demiurgos de diferentes épocas como Platón, Sócrates, Aristóteles, Tomás de Aquino, el Obispo de Hipona, Nietzsche o algún aprovechado, lo que en cierto modo le daba luz o fuelle para encararlo y no morir en el intento.
   Y de esa guisa fue entrando en materia, en la semántica, abriendo las primeras vibraciones de las páginas y hojas del laberíntico árbol de la ciencia, configurando un corpus con las denotaciones, connotaciones y rasgos esenciales de los términos ser y tener.
   Uno de los principales problemas que asediaban a Teo acarreándole no pocas arritmias era el SER, ya que por encima de todo tenía muy claro que quería ser, ser alguien en la vida, existiendo, permaneciendo, es decir, hacerse a sí mismo con el tiempo, golpe a golpe, como el buen vino, y hacerse valer en el confuso mundo de los vivos con talento y una vena virtuosa, sobresaliendo a ser posible en el campo del arte o la ciencia por su valía, por ello la idea de dejar de ser no colmaba sus ideales, y porfiaba por seguir siendo, persistiendo en las urdimbres y sentires de los entes, en sus corazones, en los frontispicios, en los libros a pesar del verdugo del tiempo.
   Y más adelante encaró Teo el concepto de tener, voz patrimonial del latín tenere, tener asido u ocupado, retener, en línea con el campo semántico de poseer, acaparar, con el riesgo de caer en la avaricia, pero no llegaba a dar con la tecla conceptual o medicina que dilucidase o curase las heridas o excesos al respecto, porque imaginaba semejanzas entre la vida de la planta y la palabra tener, que nacen, crecen y echan fruto, y así mismo frases, ideas, pero necesitan agua, luz, inteligencia, abono, cimientos, mimo..., por ende su mente calibraba incansable sobre el modo de sulfatarlo para evitar contaminaciones, y compaginar los divergentes pensares y opiniones armonizando un sistema acorde con el sentido común de la ciencia, la religión y la moral, no discurriendo por descabellados pedregales.
   Y cuando cerraba el manuscrito y las oscuras nubes del pensamiento se asomaba por la ventana toda plena y radiante de luz, y veía el campo, las lomas y cobertizos sembrados de blancura, como recién decorado por la mano de un ángel.
   Pareciera que la climatología se hubiese vuelto loca, y quisiera echar la casa por la ventana embelleciendo el paisaje y dulcificando los ásperos rigores vitales.     
   Y tras idas y venidas por los sitios más dispares, hacía Teo un alto en el camino rumiando palabras evangélicas como, "En verdad, en verdad os digo que yo soy el camino"... y se  transfiguraba pensando que si en verdad era Teo, lo sería en invierno y en verano, señalando la disparidad entre ser un lince o tener un lince, y entresacaba las notas genuinas de la esencia con todo lo que conlleva de permanencia per se en el ser, hurgando en las entrañas del ADN, añadiendo taxativo, si se es, lo es, pues de lo contrario no sería tal individuo o actante responsable de sus hechos y reconocido por ley, ni existiría una brizna de su persona por ninguna parte, o acaso vagase como alma en pena por el averno, que nunca se sabe, porque los sentidos nos engañan.
   El significante Ser nace del infinitivo latino ÉSSERE al transformarse las lenguas romances, adquiriendo una majestuosa hidalguía que no le tose nadie con los pertinentes rasgos semánticos, semas, lexemas, raíces, palabras y conceptos. Lo fundamental de Ser es la esencia, lo que permanece per se, lo contrario es lo contingente, lo accidental, lo advenedizo, que llega por pura casualidad, como la Fortuna o el patrimonio heredado, y es lo que se plasma en el concepto de ser galeno, pianista, astronauta, azafato, flautista de Hámelin o un zascandil, a sabiendas de que en sus entrañas crecen tales esencias, como las colonias o fragancias de Loewe u otros exquisitas sustancias que embellecen o encarnan en su vientre aquello que nadie puede usurpar, pudiéndose exclamar a los cuatro vientos en Perú, los Guajares o París, "me podréis matar, pero nunca arrancaréis mi alma, los pensares y emociones, el corazón partío".
   Los amores y creencias portan el distintivo de propiedad por la eternidad. Por tales pasajes transitaba Teo refirmándose en su teoría, como instalado en las mismas barbas del diablo o del Todopoderoso.
   Y no erraba en las elucubraciones porque líricos como Lorca, Lope, o dramaturgos como Calderón, Shakespeare, o narradores como Cervantes, García Márquez o el malagueño Antonio Soler o los dulces acordes de Mozart continuarán por siempre en su puesto de mando como indelebles bastiones de su pluma y batuta, y nada cambiará la onomástica, su rumbo, por muchos huracanes o bombardeos atómicos que se perpetren.
   En cambio al celebérrimo dicho popular "tanto tienes tanto vales" se le ve el plumero en cuanto se agacha un pelín.
   Haciendo memoria, los hidalgos eran hijos de algo por la etimología, pero al cabo del tiempo se desmoronaron como castillos de arena en un mar de estrecheces y picardías manipulando con trucos o máscaras para seguir aparentándolo.
   Hubo un tiempo en sus vidas de vacas gordas, disfrutando de los mayores parabienes, pero cayeron en el pozo de las penurias engullidos, como roca Cronos, por la veleta del vocablo TENER, quedando a la luna de Valencia, bailando entre caballeros, arrieros, escuderos o hijos de nadie, perdidos en el espacio yendo a la deriva, cual trozos de meteoritos, no teniendo donde caerse muertos.
   Vivir para comer o poseer es la perdición de quienes sólo piensan en potosís, en que todo el monte sea oro para su granero, encontrándose a la postre más pobres que carracuca, semejando cáscaras de nuez por las aguas del río de la moda arrastrados por la corriente de los hontanares o pasarelas entre las turbiedades del mundo.
   Teo, que vivió un tiempo en la opulencia presumiendo de ricos manjares y copiosas posesiones atravesando los campos de su propiedad saltando de árbol en árbol, resulta que los herederos viven ahora en la miseria, no reconocidos ni por la que los alumbró, sin apellido creíble, y por quienes nadie apuesta un centavo.
   Conforme maduraba Teo, fue auscultando los latidos del ser convencido de que el virtuoso puede testificar ante notario los halagos del proverbio, genio y figura hasta la sepultura, estando a salvo de las veleidades de la diosa Fortuna.
   Ningún ave construye su vida sobre cimientos tan quebradizos como los que sostienen la vanidad humana.