miércoles, 25 de abril de 2018

El hombre de Marte o crónicas marcianas






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   Mientras no alumbre nuevos retoños planetarios el TESS que ha lanzado al espacio la NASA, hemos de conformarnos con lo que hay.
   El acrónimo TESS nace, como las flores en primavera, de las siglas de Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito, equipado con toda clase de detalles, cámaras y objetivos de estudio, hospedándose durante un largo tiempo en un centro espacial ubicado entre la Luna y la Tierra con el fin de examinar el cielo en busca de otros mundos alienígenas.  
   Con TESS se acrecienta la eficacia y la potencia con respecto al explorador KEPLER, disponiendo de mayor visibilidad y posibilidades de hacer foco en un determinado grupo de estrellas. Si bien Kepler fue una revolución en su día, no obstante estaba sobrecargado de trabajo, al tener que observar muchísimas estrellas y algunas en un estado lamentable, siendo muy complicado determinar sus atmósferas.
   En cambio TESS se dedicará no sólo a las estrellas brillantes y cercanas, sino también a conseguir datos del cielo en su totalidad, configurando un censo completo sobre los hemisferios Norte y Sur.
   Y adentrándonos en los entresijos y misteriosos horizontes marcianos surgen algunas dudas al especto, ¿podremos los humanos viajar a un exoplaneta? La ciencia dice que lo que acontezca tras la confirmación de otra Tierra más allá del Sistema Solar es una incógnita, situándose en el campo de la ciencia ficción. 
   Los planetas que detecte TESS estarán a cientos de años luz, y no existe por ahora una tecnología que permita un viaje a semejantes distancias, y menos aún barajar la posibilidad de enviar a una persona, sería un robot o sonda en todo caso.
   Pero la literatura y la imaginación van por otros caminos cogidos de la mano, como ya atestiguara Julio Verne, verdadero arúspice del universo, viajando ligero de equipaje adonde se le antojara como si tal cosa, al centro de la tierra, los abismos marinos o la misma luna.
   Y no hay reglas o argumentos que pongan freno a la comunicación interplanetaria ni a la osadía creativa, deslizándose a toda pastilla por los cuatro puntos cardinales, a sabiendas de que incluso en las distancias cortas la comunicación, y sobre todo humana, racanea, como acaece en las parejas a pesar de los prometedores compromisos que se contraen, y la no menos loable ayuda de los medios publicitarios animando a mantener unas relaciones sinceras y responsables para formar un hogar feliz, y la proliferación, por otro lado, de todo tipo de artefactos, como los móviles, gracias a los avances tecnológicos.
   Y mientras tanto, el variopinto baile de estrellas, astros, satélites y meteoritos en el espacio dan pie al planteamiento de  múltiples interrogantes y no pocas calenturas y curiosas adivinanzas con la bola de cristal.
   Tanto es así que, guardando las distancias con el Planeta Rojo por supuesto, pero con similar colorido, situándose a la vera del barranco de Rendate guajareño, nombre tomado del bandolero árabe Rendatí que se guarecía en aquellos abruptos parajes por el descanso del guerrero, se encuentra en las cumbres de aquella montaña de verdes pinos el célebre yacimiento arqueológico de el Castillejo repleto de legendarias historias de ancestrales vestigios étnicos anteriores a los moriscos, pese a no figurar en los libros de texto locales ni misales o anales de esoterismo, ni tan siquiera en la mitología popular al uso de otros mundos posibles, no es menos cierto que su aliento, las pulsiones y color bermejo perviven vivos en las gargantas y fantasía guajareñas, llevándolo tatuado en el subconsciente contra viento y marea y a mucha honra.
   La mente humana anda siempre enredando en la sombra, hurgando en lo sacro, secreto o irreverente de los entes, sean tumbas de dioses, erupciones telúricas o humanas o en las más intrincadas corrientes vitales, y seducida tal vez por la apetitosa idiosincrasia de los colores (como el arco iris) utilizan epítetos cromáticos hasta la saciedad para pintar prosopografías o retratos en carne y hueso, así un bebé rebosante de alegría y salud presentará unas sonrosadas mejillas y cachetes encarnados con vivos colores en la cara, que es el espejo del alma.
   Al cabo de los tiempos, y tras haber pateado e incluso estrujado como un limón el planeta Tierra, resulta que ahora les viene pequeña a los humanos, y han echado el anzuelo por otros mares a fin de expandir sus tentáculos económicos y castrenses, científicos y políticos a través de los corredores interplanetarios, inclinándose por las autopistas de más lustre y pompa, el turismo, tal vez por su alta rentabilidad, al recaudarse los más suculentos ingresos a escala mundial. 
   Y para tamaña empresa necesitan poder infiltrarse en las redes interplanetarias, llevándolo con el mayor sigilo y agarrándose, como a un clavo ardiendo, al derecho internacional de ocupación de tierras que propusiera en su día el padre Vitoria, "el que roture primero será el dueño", o según el dicho popular, "quien da primero da dos veces", o con otras palabras, "la presta dádiva hace su efecto doblado" (Covarrubias)
   Y de esa guisa pretende el género humano llegar a buen puerto, que no es otro que al planeta de moda, Marte, instalándose con todos los enseres y engorros caseros (incluidos los arreos de playa, sombrilla, nevera, sillas con los correspondientes bocatas, tortillas de patatas, sandías y licores), y una vez allí empezar a amasar billetes, montando chiringuitos o monumentales edificios con un gran despliegue publicitario de desfiles, globos y músicas acordadas por los terrenos marcianos, y todo bien masticado y listo para servir, pudiendo hacer cómodamente las compras a plazos, on line o llevárselo a casa, o bien viajes interplanetarios de fin de semana con guía incluido por los pasillos interplanetarios disfrutando de mercadillos, rutas de la tapa o eventos culturales, y la posibilidad de asistir a bautizos, cumples o bodas de marcianos para conocerlos mejor, aunque surge la duda acerca de qué calendario adoptar, gregoriano, juliano, vikingo o marciano.
   Y todo ese maremagno multivivencial de auroras boreales, refulgencias galácticas  y avatares  en su conjunto, envuelto todo con las mejores expectativas y sorprendentes obsequios de bienvenido Mister Marshall a los primeros que piquen seducidos por la propaganda de los lobbys del espacio, que siempre están al acecho, consiguiendo exorbitantes ganancias allí por donde pasan, en este caso por Marte, comprando a un precio irrisorio y venderlo por las nubes. En su vademecum llevan un abanico de diseños de colores, promesas y fantasías con la vitola de ventajosas ofertas de parcelas para hacerse un apartamento con vistas al mar o al abismo marciano, a gusto del consumidor, provocando una vorágine inversora, soñando con hacer su agosto con el tejemaneje y trapicheo del planeta rojo.
   Tienen así mismo in mente acometer empresas faraónicas en Marte, y para ello es preciso que circulen ríos de dinero negro por los blancos espacios siderales a través de los cohetes espaciales, aunque corran no pocos riesgos al atravesar los puntos negros o conflictivas fronteras interplanetarias con guerras a muerte por un lado, y la emigración clandestina y avaricia humana, que no tiene límites, por otro.  
    No cabe duda de que toda la cúpula emprendedora quiere obrar como dios manda, con talento y sin perder la cabeza ni caer por los orificios cósmicos, intentando cual otro Cristóbal Colón, descubrir nuevos mundos por el espacio, y descargar la artillería pesada si preciso fuere en defensa de los intereses creados, saciando los delirios bursátiles.
   El afán humano por superarse a sí mismo y a todo bicho viviente estimula su ego, elucubrando con los más insondables horizontes de grandeza acumulando posesiones en el cielo y en la tierra, y una vez dominada la materia, lanzarse a la conquista de la inmortalidad.
   El ser humano no cesa, como el rayo poético de Miguel Hernández, en sus pretensiones, siempre expectante, inquieto, mirando a las alturas sin fiarse del entorno, pues ya lo dice el refrán, a Dios rogando y con el mazo dando, y con más recelo si cabe por tratarse nada menos que del planeta Marte.
   Ha sido uno de los primeros planetas en ser contemplado mediante telescopio. Y ya desde tiempos inmemoriales la ciencia empezó a especular acerca de la existencia de vida extraterrestre, llegando ciertos astrónomos a describir diseños de canales presumiblemente útiles para las comunidades marcianas.
   La semejanza con la Tierra alimentó la creencia de que allí hubiese seres vivos, ya que la superficie marciana ofrece formaciones permanentes y casquetes polares que no se encuentran configurados por auténtico hielo sino por estratos de escarcha o sustanciosas cantidades de hielo seco.
   Marte es el segundo planeta más pequeño del sistema solar y cuenta con dos satélites, Fobos y Deimos. Cuando la nave Mariner 4 sobrevoló el planeta rojo, se observaron manchas claras y oscuras, por lo que los científicos especularon con la presencia de agua en la superficie. En la actualidad la comunidad científica presupone que hace 3´5 millones de años hubo severas inundaciones en dichos parajes. En el 2015 la NASA halló pruebas de agua líquida salada en sus entrañas.
   El mote de planeta rojo se explica por los minerales de hierro del suelo que al oxidarse le dan una coloración rojiza, que se puede distinguir desde nuestro planeta. Las manchas nítidas sobre Marte posibilitaron la observación y el cálculo de sus ciclos orbitales. Su tamaño es aproximadamente la mitad de la Tierra, y la distancia al Sol de unos 228.229 millones de kilómetros.
   ¿Te gustaría vivir en Marte? Un equipo español ha ganado un concurso de diseño de un hábitat humano en tales lares, y ha sido tan sonado el gozo que los astros en su movimiento cósmico tararearon la célebre canción, "Que viva España, la gente canta con ardor"... Y la primera sociedad colaborativa del entorno se llamaría Algi, protegida por una membrana biológica conteniendo algas y agua. 
   Y podría ser granero o almacén del planeta Tierra, enviando allí el chapapote y los plásticos para reciclarse, purificando el medio ambiente y los desmanes de los terrícolas.
   En algún momento un millón de humanos vivirán  en Marte. La misión del proyecto HP Mars Home Planet consiste en conceptualizar y diseñar las áreas urbanas que apoyarán las vidas de los futuros colonos. Inspirada en estas visiones y proyectos, la Humanidad dará un paso más hacia la colonización del Planeta Rojo.
   Ea vamos, vente a Marte, Vicente, o al Castillejo guajareño, que no desmerece.
                 
     

viernes, 13 de abril de 2018

La música y el contacto



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   La música y el contacto hicieron lo demás en aquella noche loca en que se encontraron por casualidad en un viaje relámpago por la belle France.
   Apenas se movía de la guarida el resto del año, como no fuese por una fuerza mayor, un óbito o algún raro compromiso para no quedar mal.
   Mas como la excepción confirma la regla, pues así ocurrió con el inesperado encuentro que tuvo lugar en la entrega de los premios del festival de cine de Cannes, que no entraba en sus planes ni por asomo por muy borracho que estuviese, siendo un acierto en toda regla al ser como aquel que dice obsequiado con algo que jamás hubiese soñado, el fiestón que se montó al final de la entrega de los trofeos cinematográficos, una fiesta por todo lo alto amenizada por un excelente conjunto musical, el que más fuerte pegaba en esos momentos por el continente generando un envidiable clímax entre la audiencia.
   A decir verdad, estaba en boca de todos la exquisitez y excelencia de la velada, oyéndose parabienes por doquier, y se saludaban entre sí harto efusivos los invitados, dándose la mano o un abrazo por haber concurrido a tan singular cita al trasmitirles las más gratas sensaciones, coincidiendo todos en ensalzar el buen hacer tanto de la dirección como del servicio, y sobre todo por lo bien que lo estaban pasando, disfrutando cada cual a su manera de un ambiente tan relajado y ameno escuchando las dulces melodías que alegraban la noche, infundiendo en sus sorprendidos corazones toda clase de reacciones y las mayores satisfacciones como nunca había acaecido.
   La prensa del corazón publicó a bombo y platillo en sus primeras páginas los romances que brotaron durante aquella noche mágica, marcando un hito en los anales de la cinematografía de Cannes, corroborándolo el buen nombre de los premiados en aquella edición, y fue tan numerosa y ferviente la afluencia de público a las salas de proyección que en más de una ocasión se colocó el cartel de completo, y los anfitriones en recompensa y como agradecimiento a todos los asistentes, aprobaron una resolución por la que se dignaban invitar al evento del próximo año con todos los gastos pagados a las parejas que habiendo surgido la chispa en aquella memorable noche materializasen su compromiso matrimonial tanto por lo religioso como por lo civil.
   Y después del aluvión de felicitaciones de todos los puntos del globo, y los dimes y diretes retratados en las lecturas de prensa que aparecían en los kioscos, así como los comentarios y entrevistas como de costumbre de la efeméride, lo rubricaban los enviados especiales de los medios de medio mundo y a buen seguro que del otro medio resaltando el éxito y su trascendencia mundial, registrándose un auge del turismo algo descomunal, no sólo en la Costa Azul sino en el resto de Francia, figurando el nombre del festival de Cannes en los más célebres magazines y revistas del corazón, agrandando su leyenda y la admiración por la industria cinematográfica hasta límites insospechados, y de paso, como no podía ser de otra manera, su rica gastronomía, la alta costura y los afamados perfumes parisinos.
   Las conquistas y arrebatadores singularidades del apoteósico certamen llegaron a los confines del globo, siendo desbordados por el sinnúmero de panegíricos y loas por la excelente gestión y coordinación a todos los niveles, causando la envidia y admiración de propios y extraños.
   Tan sólo restaba mencionar la sorpresiva anécdota que ocurrió en el trascurso de la celebración en el momento menos oportuno, cuando de repente una espigada muchacha, bastante cultivada según se desprendía del atuendo y a la postre bien parecida, irrumpió como un rayo en mitad de la pista de baile gritando con los ojos desencajados, ¡justicia, pido justicia!, alegando que estaba embarazada, y que el padre de la criatura se encontraba allí y no quería saber nada, apuntando a un señor de cabeza rapada y barba rebelde y rubia que se movía con aire solitario por la fiesta, tal vez se equivocó al ir el buen señor, llamándolo por el nombre de Nicolás, quedando todo el mundo estupefacto y sin articular palabra, hasta que por fin intervino el cuerpo de vigilancia.
   Y cuando se fueron apagando los últimos sones de la esplendorosa noche, poco a poco fue saliendo el público marchando cada uno a su nido, inhalando por el camino azules aromas del amanecer marino, siendo acariciados sus rostros por una dulce brisa que llenaba de ilusiones aquella noche tan especial de la Costa Azul.
   Y bajando el telón se vislumbró entre visillos que el contacto con la música en apretada danza corporal hizo brotar en los asistentes una savia primaveral, que reverdeció el letargo amoroso que dormía en sus pechos.
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jueves, 5 de abril de 2018

Con la ilusión de un niño





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   Con la ilusión de un niño se puso a escalar una vez más la cima del amor, creyendo que le resultaría tan sencillo como hacerlo a las cumbres del Himalaya, adonde subía cada vez que le apetecía como el que no hace la cosa, con tal desenvoltura y regocijo como si pasease por la playa.
   En cambio la empresa que ahora proyectaba no se le parecía en nada, siendo como en el circo el más difícil todavía, a pesar de los muchos peligros o contratiempos que se le pudiesen presentar en el trayecto himalayo, por lo que no las tenía todas consigo, viéndole las orejas al lobo por el temor de fracasar en su empeño, especialmente si se cumplía el dicho popular, cuanto más alto suba mayor será la caída, y lo llevaba como un estigma o salmo aprendido en las lecturas juveniles, estando con la mosca detrás de la oreja por ser la tercera vez que se enamoraba, habiendo cosechado hasta la fecha una derrota tras otra.
   El último amor que tuvo, lo catalogó como lo más sublime que imaginarse pueda por sentirse la persona más afortunada del mundo, al tener todas las necesidades amorosas cubiertas tanto en invierno como en verano, pero un inesperado viraje le torció los vientos de la nave, cuando realizaba un viaje de placer con su pareja por los vírgenes bosques de Kenia prometiéndoselas muy felices, yendo con la alegría en los labios y las mejores perspectivas, y de buenas a primeras se confabuló todo en su contra, la procesionaria del pino, los augures y los chimpancés de la selva, acaso por no ser de su agrado, y al caer la tarde un tigre hambriento que merodeaba por los jardines del hotel donde se hospedaban acabó de un zarpazo con la vida de la pareja, quedándose una vez más triste y solo en la vida.
   Y en cuanto al primer amor que pasó por su vida no quería ni mencionarlo, porque si hurgaba en los entresijos del súbito flechazo le provocaba vértigo y no pocas jaquecas o migrañas, y lo tenía peor si para más inri escuchaba las veleidades del inmisericorde proverbio, porque de inmediato brotaría alguna voz irresponsable apuntando al doloroso affaire, hay amores que matan, cuyo veredicto no anduvo muy lejos del calvario que vivió en las Islas Afortunadas, donde instaló el nido por ser el destino definitivo como funcionario del estado, y se establecieron allí con las mejores expectativas una vez hecha la mudanza y demás requisitos, y al poco tiempo, sin nada que lo justificase, desapareció la pareja sin dejar rastro en una plácida tarde de abril rumbo a lo desconocido, sabiéndose más tarde que había huido al Caribe con un magnate del petróleo, no pudiendo borrarlo de la memoria pese a los fregados de cerebro y terapias que llevó a cabo.
   Y ahora en estos momentos, en un ansioso carpe diem, al cabo del tiempo intentaba rehacer su vida en pareja con la ilusión de un niño, procurando no tropezar de nuevo en la misma piedra, poniendo todos los sentidos antes de echarse en brazos de la buena nueva, con la esperanza de haber superado los escollos del camino encontrando finalmente la piedra filosofal de la felicidad.
   Y lo hacía completamente convencido y por muchas razones, pero principalmente porque daba por hecho que sólo se vive una vez, y ello le impulsaba a zambullirse en la corriente, pues de lo contrario se sentía muerto, y lo tenía tan claro como la luz de aquel soleado día, a pesar de ser un veleta movido por el viento de turno, mas una obsesión congénita le arrastraba a construir nidos de amor evocando historias del cine, donde la princesa y el príncipe azul gozan de un amor exquisito, rodeados de un lago azul con verdes árboles y exóticas avecillas cantando al albor dulces melodías incendiando el aire.
   Y en esas cavilaciones tan sugestivas y tendentes al romántico amor andaba, hechizándose por una fugaz mirada o al menor asomo de ternura que pasara por su mirada, cayendo en la más negra desesperación si no se veía correspondido.
   La última vez que pasó por semejante trance fue en vísperas de San Valentín en un crucero visitando Venecia, donde pernoctó el fin de semana, y nada más acomodarse en la habitación del hotel con vistas a los canales algo le acongojaba o hervía en el interior, un no sé qué, que no le dejaba pegar ojo, tal vez fuese por el tierno vaivén de las góndolas sobre la superficie de las aguas, quedando embelesado y traspuesto, como en éxtasis, despertando tres días después en un hospital no lejos de la plaza de San Marcos, volviendo en sí por lo que le inyectaron y al parecer por la voz de una bella ragazza que tarareaba bajo su ventana, "Qué profunda emoción recordar el ayer/ cuando todo en Venecia me hablaba de amor/...
Y en ésas se columpiaba saboreando las mieles de Cupido, con el firme propósito de no arrojar la toalla rivalizando con las siete vidas del gato, porque tenía asumido que amar es vida, pregonando a los cuatros vientos ¡viva el amor!.






martes, 27 de marzo de 2018

La física y los cuerpos celestes o un paseo por el universo



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   Se despertó aquel viernes con ganas de jugar, y empezó desnudando a los cuerpos celestes fascinado por las voluptuosas auroras boreales y los raros destellos de sus interioridades y contornos, sin caer en la descortesía o faltarles al respeto, y menos si cabe a la física por las beneficiosas operaciones que lleva a cabo a través de los factores de energía, materia, tiempo y espacio, a sabiendas de haberlo pactado anteriormente in péctore con ellos, Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, iniciando de esa guisa un atmosférico periplo por las luces y las sombras, las noches y los días, montando un centro de investigación espacial siguiendo la sutil estela erudita de los 7 sabios de Grecia, que fueron en cierto modo los que colocaron la primera piedra.
   Hoy día la ciencia en general y la astrofísica y astronomía en particular progresan a pasos agigantados, como puede comprobarse a menudo leyendo las publicaciones de los diarios y medios, siendo en este menester los meteorólogos los que se llevan la palma, pues no cesan de informar a la gente sobre las inquietudes climatológicas a través de la ventana televisiva pronosticando el tiempo, viniendo a continuación los astrofísicos, como el recientemente fallecido Hawking, que no escatiman sacrificios ni energías utilizando todos los medios a su alcance para tan loable fin, como el telescopio Hubble entre otros, descubriendo todo tipo de objetos exóticos, cuásares, púlsares, radiogalaxias o estrellas de neutrones, etc., no dejando títere con cabeza, dejando para más adelante los ya familiares, Sol, estrellas, cometas, meteoritos y asteroides junto con las galaxias, vía láctea o satélites artificiales.
   Y entrando en materia, por las mismas tripas de la orografía espacial, sus prístinos veneros, no sin antes haber puesto en valor la industria guajareña con sus empresas científicas, los antiguos molinos hidráulicos, almazaras e industriosas fábricas generadoras de luz con los saltos de agua del río de la Toba, alumbrando el intelecto y al vecindario de la comarca, escudriñar los más recónditos arcanos del globo terráqueo disfrutando de sus inconmensurables y lúdicos encantos, bocados de cielo y cuerpos yogures o celestiales navegando viento en popa por el espacio, aunque guardando las distancias y siendo precavidos por si brotasen coyunturales ciclogénesis explosivas con asesinas intenciones, traicioneros meteoritos o pedruscos a la vuelta  de la esquina por el firmamento, como si volasen como el rayo por los vericuetos galácticos sustanciando las virutas y desechos del bosque cósmico, los agujeros negros u otros gazapos aéreo-flotantes.
   Al hilo de la cuestión palpitante, cabría preguntarse por qué hay astros enanos, al igual que mentes cortas de vista o ciegos que ven más allá que el potente telescopio, el prismático o las lupas ópticas. ¿Y nadie responde?
   Aquella mañana le despertaron los sones melodiosos de una canción, “Éstas son las mañanitas que cantaba el rey David…el día en que tú naciste, nacieron todas las flores"… alegrando los primeros tragos matutinos, y urgiéndole a zambullirse en los pensares que rumiaba, tomando carretera y manta lanzándose por las isobaras del espacio indagando si allá en las cimas de los cielos habría también seres vivos con ganas de echarse una partida de cartas, tomar un mojito o echar una cana al aire, entrando así mismo en sus planes de vuelo ponerse en lista de espera para un futuro viaje interplanetario de placer o luna de miel con idea de callarle la boca a los vocingleros poetas románticos, tan dados a las quimeras o enrocarse en las fantasías siderales, y que Dios reparta suerte.
   Mientras tanto la vida sigue, y en la agenda del día le tocaba visitar unas cuevas llamadas de Almanzora, un pueblito perdido en el universo de su cerebro, aunque próximo al área donde se hospedaba durante la excursión y harto célebre por los yacimientos de la cultura argárica de Almería, convertida ahora en la huerta del mundo por sus hortalizas bajo mares de plástico echando por tierra el tópico de tierra de esparto y legaña, de forma que ni corto ni perezoso y arrastrado por los ritmos de las mañanitas se tiró al monte del risueño día feliz y contento, siendo acariciado por un ceferillo marino que hacía cabriolas en el horizonte alborotando el cabello.
   Sin embargo no podía caer en saco roto el papelón de que fue objeto, al haber pasado no pocas noches en vela intentando hincar el diente a la Física y los cuerpos celestes (tan provocativos ellos) por los esquivos que se mostraban, no encontrando la chispa que encendiera la mecha de los fuegos que venían a cuento, la construcción de un corpus acorde con los cánones científicos, y en vista de ello, con el fin de aliviar en parte el descalabro, se descolgó por la cosmogonía de los poetas románticos, en un acto repentino de aquí te pillo y aquí te mato, intentando salvar los muebles por el inesperado naufragio, o por amor propio tal vez, emulando a Bécquer con el arpa o Espronceda con los piratas, en donde ya se apuntaba el mundo social de los okupas, marginados o excluidos, dejándose llevar por los vientos siderales y lunáticos satélites masticando chicle o montes de las ánimas, paisajes solitarios o subversivos cementerios, estados de ánimo o caprichosos asteroides, compungidas estrellas o pálidas lunas en el mar rielando, leyendas de misterio o pendencieros bucaneros, celestes hecatombes o tétricas ayes del más allá (¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!), y con la inspiración de su estro tocar el cielo, y diseñar sueños procurando atemperar tsunamis, tornados humanos o ataques de nervios en la vida breve del vivir, con fiables señas de identidad y al cobijo del frondoso árbol romántico nutriéndose con los caldos y zumos de la física escalando la exosfera, estratosfera, troposfera a través de  sus íntimos formularios o caminos que conducen a los conceptos de fuerza, masa, velocidad, potencia o energía, entre otros interrogantes.
   Para tan espinosa asunto se dispuso a abrir las ventanas telúricas y de los sentidos haciendo un amasijo de limo modelando soles, cometas y figurillas pensantes infundiéndole alma y ánimos, así como estrellas rutilantes, jugando como un niño en la arena de la playa construyendo castillos, o emulando al Todopoderoso Dios en el proceso de la Creación del universo reconstruyendo el puzzle de los años estudiantiles, colocando las piezas cognitivas en el sitio justo, una sobre otra, empezando por lo primigenio de sus madres, como el buen vino, y proseguir por los diferentes escenarios de las eras geológicas revirtiendo a la madre naturaleza a su antiguo esplendor, dibujando al ser humano en un paraíso como en sus mejores tiempos, rubricando luego en las cavernas el creativo arte rupestre con el corazón partío por la pérdida de un amor o el ataque salvaje de alguna fiera, y posteriormente, una vez que se decidió por la vida sedentaria, realizar las labores del campo, siembra, recolecta y almacenamiento o venta de los ricos productos poniendo a prueba el cerebro con el cálculo del debe y el haber, o la trigonometría despejando incógnitas en el campo de la física, la matemática o de otras materias.
    Fue recopilando todo cuanto merecía la pena por el camino, por las creaciones físicas y líricas de los vates románticos, todo aquello que tendía puentes con la estructura y el edificio del globo terráqueo, tapando agujeros negros de todos los calibres a fin de esclarecer de alguna manera los valiosos contenidos de la física.
   Con toda aquella balumba en ciernes, fue penetrando poco a poco por los orificios de la sustancia cósmica protegiéndose de posibles contagios e insectos con una especie de escafandra, sumergiéndose en sus hidroeléctricas potencias a la espera de que se hiciese la luz de verdad, y se iluminaran los oscuros túneles para llegar a la guarida.      
   Y sin esperarlo, según caminaba, se topó con un conocido:   
   -Buenos días tenga usted, Benedicto.
   -Hola, buen amigo.
   -Mire, ando confuso en un universo de nebulosa física y cuerpos celestes, y no sabe lo que le agradecería que me lo aclarase, me haría usted un hombre.
   -¿ Y cómo ha llegado usted a eso?
   -Que me bloqueé de tal forma que no vislumbraba nada potable bajo el sol, fíjese lo absurdo, algo que hiciera referencia a ese misterioso mundo, en cambio, mire usted por donde la química sí que ofrece salidas, al disponer de un tren de frutas apetitosas como son los chascarrillos, bizarrías o anécdotas pertinentes acaecidos con el paso del tiempo y por los más diversos contextos y avatares. Basta encender la tele y aparecen de repente como por generación espontánea programas y más programas de entretenimiento denominados de basura, produciendo ríos de tinta o romances sin cuento en las más taradas romerías, casorios o duelos, lo suficiente como para escribir todos los libros del mundo con sus frívolos materiales, habladurías, bulos, rencillas, engaños, verdades a medias, acaparando verdaderas toneladas de droga putrefacta y dura sobrevolando las cabezas y luces de los escandalosos conversadores, personajes o personajillos que se desgañitan (por la pasta gansa) despellejando al más pintado o entre ellos mismos sin el menor reparo lanzándose puyas, peladillas, diatribas u otras lindezas hilvanadas en negros ovillos, cual manzanas podridas o lobos con piel de cordero con todo el descaro del mundo, así como los más rocambolescos  montajes o tejemanejes y S.O.S televisivos de sálvese quien pueda, brillando la química como los chorros del oro, y toda la pléyade se abraza a ella como a un clavo ardiendo montando lo que no está en los escritos enriqueciéndose a espuertas llenas, de modo que ni ellos mismos se lo creen, creando hipotéticos nidos virtuales, artificiales chiringuitos en el rebalaje, postizas historias o romances o las más inverosímiles y evanescentes fruslerías.
   En esas andaba, cuando observando a unos hombres que trabajaban en una obra, la nieta dijo tajante al abuelo que, ni estaban haciendo un trabajo ni perdían energía. La aseveración de la nieta le impactó. Los operarios se hallaban reparando un desperfecto en un bloque de vecinos, una columna que se negaba a cumplir su misión, y uno de ellos estaba debajo sujetando la tarima en el lugar donde se había producido el desajuste, porque encima había varios objetos que podían caerse al suelo, mientras los otros operarios buscaban presurosos un soporte firme y fiable para solventarlo.
   Como se oyeron algunas quejas y lamentos del hombre que sostenía el andamiaje improvisado, al decir que estaba realizando un trabajo  y que pronto se le agotaría la energía, la nieta entonces sale al quite negándolo con rotundidad apuntando: Ese obrero estaba inmóvil y si no se mueve no hay desplazamiento y por ende no realiza ningún trabajo. Apostilló que unos días antes lo había estado estudiando en clase de Física. El abuelo volvió a la carga corroborando que consumía energía realizando ese trabajo. Y la nieta persistía negándolo, y abandonaron la discusión para tiempos mejores.
   No quería el abuelo meterse en camisa de once varas, ya que en ocasiones la memoria le hacía alguna de las suyas, sin embargo la tesis de la nieta le recordaba algo que estudió en su tiempo, pero que no había llegado a captar con las explicaciones del profesor.
   Al regresar a la guarida decidió consultar algún manual sobre la energía y el trabajo de los que utilizó entonces, donde indicaba que la energía es "la capacidad para realizar un trabajo", pero luego decía que es el producto de la fuerza por el camino que recorre su punto de aplicación, y seguía sin comprenderlo.   
   Por otro lado la física presenta no pocas áreas de investigación, como son la
acústica, electromagnética, mecánica, óptica, termodinámica, atómica, nuclear, mecánica, cuántica, materia condensada, biofísica, cosmología o astrofísica.
   De todas formas doctores tiene la madre ciencia, siendo ellos los que tienen la última palabra, dejando para otros momentos, no por ello menos gloriosos, la evasión y reivindicaciones románticas, libertad del artista, exaltación de las emociones y sentimientos rumbo a la imaginación y a la más altas cotas creativas.
   Y para terminar el paseo unos versos de Bécquer: "Por una mirada un mundo/, por una sonrisa un cielo/, por un beso...yo no sé/ qué te diera por un beso.







                                           
   

jueves, 22 de febrero de 2018

Caminantes sin camino

                
                          


   Al oír las notas lejanas de una canción que esparcía el viento, "Fuiste ave de paso... Y quiero en tus manos abiertas buscar mi camino"...le dio que pensar.
   La estela del ave le abrió los ojos, llenándolo de luz al percatarse de que había perdido el norte, encontrándose fuera de sí, dando vueltas en una especie de laberinto, siendo pasto de los más estrafalarios contratiempos.
   Cierta mañana, según subía una cuesta (la de la Hoya o Panata o alguna otra) rememoró el pasado, pensando sin mucha convicción pero con no poca inquietud que los jóvenes aún no tienen trazado un horizonte, no disponiendo de un faro guía o empleo que les dé un asentamiento estable en el vaivén de los días para enfrentarse a los embates de una hipoteca construyendo un hogar firme o pertinentes calzadas por donde transitar, despejando en lo posible los escollos o allanando los caminos del vivir, dejando de lado los de los privilegiados, como el caminito del rey.
   Andaba empeñado en estrujar el áspero tema que llevaba en la mochila, haciendo caso omiso de sentencias lapidarias como, "todos los caminos conducen a Roma", y no parando mientes en ello echó por los atajos o carriles que más se prestaban al juego de su estado de ánimo.
   Y se preguntaba al respecto sobre quién le garantizaría, una vez dentro de las murallas romanas, la libertad para salir cuando le pluguiese, y a renglón seguido vivir experiencias nuevas, poner una pica en Flandes, plantar árboles o enamorarse de una dulcinea viajando por las rutas de don Quijote.
   Y no era para menos toda vez que estaba perdiendo los sesos por hallar una salida a la incoherencia, al oscurantismo o al desamor, peleando como gato panza arriba, no llegándole la sangre al cuello, sintiéndose a veces ave de paso que vuela hacia ninguna parte en pos de una vaga ilusión.
   Lo masticaba cada mañana al tomar las tostadas con aceite virgen extra y tomate de la huerta en el desayuno, contemplando tras los cristales los verdes y grises de los campos en aquella primavera temprana, cautivado por los sensuales vuelos de las mariposas y los locos insectos que  pululaban por doquier, interrogándose por su origen, las huellas o las emociones que lo mantenían vivo.
   Y sin apenas saciar las ansias de conocer que le embargaban, se fue sumergiendo en una corriente de fútiles advenimientos, alarmado por la ausencia de puertas o caminos por donde salir del atolladero en que se encontraba, y quería romper la baraja derribando muros, ideando salvoconductos, poniendo todo patas arriba o tierra de por medio con el derrotismo o las negras perspectivas, y levantando la cabeza se puso manos a la obra, descascarillando cortezas enquistadas, tibiezas o  dudas como las que acuciaban a Sancho, gran conocedor de los secretos del camino cuando, según avanzaban por el collado, le preguntó a don Quijote acerca de si era buena regla de caballería que anduviesen perdidos por las montañas sin senda ni camino...
   En un principio no cabría hacer reproche alguno a la insinuación por si en sus entretelas de escudero adivinase las urdimbres del porvenir, mirándolo por el lado positivo, y acertase en la decisión, el verse libre como el viento cruzando el bosque pisando sombras de encinas o robles, huellas de tigres o caballeros andantes, o descender por vaguadas antes del deshielo dejándose llevar y sin nada que les amedrente, entregados a la conquista de lo que se tercie, como auténticos adalides del cosmos, volando como águilas del cabo de Finisterre a la Patagonia pasando por Lisboa o Estambul, pertrechándose de las mejores sensaciones por los caminos, libando alegrías o deshaciendo entuertos, agasajando doncellas o liberando siervos allá donde fuese menester, intercambiando conocimientos, probando pócimas o echando un pulso a los grandes del globo, a los que lo manipulan con falsedades o bombas sin entrañas, o, ¡quién sabe!, pasándolo en grande en deleitosas francachelas sintiéndose inmortales, únicos, discurriendo incólumes por los derroteros.
   Quería pisar en tierra firme y no arenas movedizas, y no ir a mata hambre mendigando miradas o sonrisas convencido de que sólo se vive una vez, por lo que debía mantener desplegadas las velas, estando presto para lo que hiciera falta, no cayendo en necedades o zalamerías enemigas, evitando ser borrado del mapa en un descuido por el horror humano, bien por fanatismo, odio o fronterizas alambradas viéndole las orejas al lobo y perecer ipso facto, como rúbrica  póstuma al epígrafe de Caminantes sin camino.
   ¿Y qué hacer entonces?
   A las once y media de la mañana de un día de primavera especialmente hermoso y un horizonte radiante, en que las copas de los árboles se balanceaban movidas por una brisa cálida, y las flores de los castaños ponían las notas de color en el horizonte, se sentó en el banco de las tribulaciones dándole mordiscos a una manzana medio podrida.
   Se encontraba en un paraje con un acogedor estanque, a la sombra de un inmenso sauce llorón, pero la ceguera que lo invadía no le permitía dar señales de vida, no saboreando la belleza que hervía en su entorno.
   Las lágrimas le impedían ver claramente la punta de los zapatos, los errores. Cuando levantaba la vista se perdía en la superficie de los días, lejos de donde estaba, mientras los nenúfares empezaban a florecer, y lo único que vislumbraba era un borrón verdoso de espejismos solares; y volvía a mirarse los zapatos marrones mientras trataba de concentrarse, meditabundo, abrazándose a sí mismo, conteniendo los sollozos que le salían del alma.
   Nunca había estado tan triste, y clamaba al cielo ansioso por cambiar el rumbo, y que todo aquello desapareciese para volver a ser dueño de sí mismo.
   Pensaba que ya otros lo hicieron a lo largo de la historia. Basta con leer algún episodio de la antigüedad, que trata de las invasiones de pueblos, como los bárbaros o wikingos, o de las proezas de Ulises u otros avatares.
   Así, los fenicios surcaban los mares con sus naves llevando a cabo los más inteligentes designios al venir en son de paz, negociando e intercambiando todo cuanto caía en sus manos a través de zocos, mercadillos o haciendo trueques, trasportándolo luego mediante carruajes, elefantes u otros medios por los más variopintos derroteros, e incluso comprometidas sierras, salvando el pellejo siempre que podían, si no aparecía por el trayecto alguna enfurecida serranilla descolgándose por aquellos andurriales atacando a los viandantes, como relataba el Arcipreste de Hita o el marqués de Santillana.
   Y reflexionando, descubrió que la vida es un juego, alegre o lúgubre, dulce o amargo, donde se gana o se pierde.
   El ciego del Lazarillo de Tormes siendo un caminante sin camino, necesitaba ayuda para hacer el camino, tanto el de Santiago como el de la vida, no obstante en el fondo veía más que nadie las intenciones o las encrucijadas de los caminos en cada momento.
   Es de sobra conocido que el lazarillo más fiel del hombre es el can, como acontece con los que prestan su servicio a los miembros de la ONCE para que desempeñen su labor, de forma que en su trabajo humanitario nunca defraudan, facilitándoles el desplazamiento por los más variados puntos de la geografía pese a la carencia.
   Mas en ocasiones las cañas se vuelven lanzas, ocurriendo que los invidentes son los propios perros, como sucede a veces en las mejores familias, dando esa patrulla canina lecciones de bonhomía, lealtad y paciencia, cual santo Job, que son dignas de tener en cuenta. ¡Cuántas lagunas, nos falta tanto por aprender!
   La vida da tantas vueltas que nunca se sabe lo que hay detrás de la puerta, lo que va a aparecer en la caja de pandora.
   Sin camino nacemos, y sin lugar de nacimiento preestablecido, como los manantiales en las cumbres o las semillas en la tierra o el vuelo de los pájaros.
   Y el polen, en pañales y sin camino, se embarca sin miedo en las mayores empresas danzando por los aires, lanzándose sin pudor por los más intrincados itinerarios, oteros, torrenteras o copas de árboles posándose en lo primero que pilla, o continúa su curso volando campo a través por los más huraños lugares con la sonrisa en los labios y el corazón en la mano, desconcertando a propios y extraños.
   Últimamente algunos productores han comenzado a vender polen para el consumo humano por considerarlo rico en vitaminas y aminoácidos, aparte de otras propiedades. ¿Se nos pegará su vigor?  
  




                
  

viernes, 9 de febrero de 2018

Escritos a vuelapluma (enero 2018)


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1. El silencioso aullido primitivo que escapaba afilado de los ojos sembraba el desconcierto en el ambiente, formándose un especie de nubarrón negro que turbaba al vecindario, tanto así que se vieron obligados a telefonear al 112 pidiendo auxilio.
   Durante el tiempo que tardó en llegar la ambulancia hubo varios casos de convulsiones, no pudiendo hacerse nada para aliviarlas.
   Y echaron mano de un producto del mismo que utilizaron los astronautas en el viaje a la luna, siendo pan bendito, remitiendo milagrosamente todas las sensaciones de agotamiento, asfixia y muerte.
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2. Un misterio cuyo mayor misterio es su claridad, así de contundente se expresaba ante el auditorio el chamán a la hora de poner los puntos sobre las -íes en toda aquella amalgama de letanías y formularios que fue hilvanando con su talentoso bisturí, desvelando los enigmas y claves de los mamotretos que aparecieron en un monasterio de la Toscana tras las excavaciones que llevaron a cabo.
   Al fin, lo más trasparente brotaba, como por arte de magia, de las mismas entrañas de las tinieblas.          
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   3. Y la naturaleza así, quedando al desnudo, lista para la luz, quiso hacer una de las suyas, horadando las estructuras de los pensamientos y las raíces de la vida para construir monumentales edificios encantados con toda clase de materiales trasparentes, empezando con los rayos solares en los instantes en que más alborotados aparecen yendo a su aire, haciendo de su capa un sayo, mezclando lo humano y divino, lo líquido y sólido según lo imaginaban en sus cenáculos al caer la tarde.
   En esos instantes la naturaleza toda desnuda se abría en canal profiriendo verdades y sentencias magistrales como la copa de un pino, así como profecías comprometidas, detallándolo todo con pelos y señales, jugándose el tipo, su prestigio y el pundonor.
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   4. Sobre el tablero en tonos grises de la mesa de la cafetería se hallaban los dos escritos sudando la gota gorda, intentando sacarle punta a la propuesta que habían hecho para escribir un minirrelato con tales mimbres.
   Aquella noche ni ella ni él tuvieron la delicadeza de apearse de los caballos, poniendo los pies en tierra y soltar los correajes y la escopeta cruzada que llevaban para de una forma cómoda y sencilla desenfundar la pluma y dejarla trotar a sus anchas por la pradera del folio en blanco sin miedo a los gazapos, o a que se dispare el arma que portaban cargada por encontrarse cruzando tierra enemiga, toda vez que pululaban por aquellos enrarecidos parajes no pocos cuatreros con escafandras y pasamontañas no respetando al forastero.

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5. Un equilibrio sólo roto por la asimetría de los adornos vegetales en el kimono era lo que se palpaba aquella noche de luna llena, extendiéndose su armonía por los cielos y la tierra de manera radiante, de modo que los residentes y visitantes se detenían en mitad de calles y plazas como extasiados para contemplar los engranajes y las sutiles filigranas tan ricamente labradas, generando un mar de gozo y bonanza, que los mismos huéspedes de la selva, insectos y fieras más feroces, se contagiaron hasta tal punto que cogieron los enseres, sus artimañas e instrumentos y empezaron a diseñar chabolas como de oro fino y jardines colgantes como nunca se habían dado en su mundo.    

                 


sábado, 20 de enero de 2018

El DNI




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   Quizá sea preferible ir de incógnito por la vida pasando inadvertido, porque aumentaría sin duda las expectativas de que los sueños se cumplan, discurriendo las criaturas felices y contentas por las laberínticas encrucijadas.
   Cuando la adicción aprieta no hay mano de santo que la pare, o pozo negro que la engulla.
   En cierto pueblo morisco (*Nodnrajaug) de la ancha Andalucía vivía enganchada al shopping Puri, hasta el punto de que pasaba los mejores momentos de su vida pateando tiendas o grandes superficies, dedicando el resto del tiempo a las labores domésticas. Y se entregaba en alma y cuerpo al arte culinaria hasta que el director de orquesta que llevaba dentro le paraba los pies diciendo aquí estoy yo, poniéndola a interpretar mercantiles baladas, heroicas compras de ensueño.
   Llegado el momento fijado, y sin dilación alguna, salió de compras aquel día para matar el gusanillo que le corroía portando los documentos personales, tarjeta de crédito y un puñado de dólares, no sin antes emperejilarse con las mejores galas pintándose hasta las cejas, retocando el lunarillo que lucía en la mejilla izquierda.
   Se puso ropa cómoda y ligera para la ocasión a fin de aliviar la ardua tarea que le aguardaba, recorriendo los distintos stands faltándole horas al día para completarlo, teniendo en mente que sería un día diferente.
   Soñaba con encontrar un potosí en el Black Friday, que por cierto no era, pero qué más daba, o acaso fuese el día de Reyes o de Santa Claus obsequiando al gentío a diestro y siniestro.
   Aquel día amanecía soleado, compacto, de buen ver, aunque en el horizonte se vislumbraba leves nubes con tintes negros. No obstante, todo invitaba a zambullirse en las ofertas recibiendo alegrías y dulces estímulos, y despertaban el apetito y las ansias de tirarse de cabeza al río revuelto de las gangas, chollos y saldos capturando las más prestigiosas especies y marcas parisinas, londinenses o las nacionales, Paco Rabanne, Purificación García o Carolina Herrera.
   Así transcurría la jornada, toda risueña y llena de envidiables encantos.
   Una vez que visitó el centro comercial por antonomasia de la ciudad, el de toda la vida, se fue a los grandes almacenes de extrarradio en el transporte urbano. Y después de subir y bajar un sinfín de escaleras automáticas, en un frenético ir y venir de unos stands atiborrados de ropa a otros haciendo un gran acopio, se acercó a caja para abonar el importe.
   Y cuál no sería su estupor cuando al abrir el bolso no estaba el monedero, pensando que unos cacos se lo habrían robado junto con el pasaporte, la tarjeta bancaria y lo más preocupante de todo, El DNI.
   En vista de lo cual, y temiendo encontrarse desnuda ante un posible control policial, se personó en comisaría para ponerlo en su conocimiento. Pero aquel día por lo visto no era el más indicado para tal misión, quizá por lo del color negro del día según bullía en sus entendederas, vaya usted a saber, y las pasó moradas esperando todo el santo día por la cantidad de gente que como ella acudía a denunciar algo, y fue debido, según se supo más tarde, a que el grueso de la policía había sido requerido para un caso más urgente, la explosión de varias bombas no lejos de donde se encontraba, quedando tan sólo dos agentes para atender al personal, viéndose obligada a esperar una eternidad, debiendo matar el hambre con unos bollitos, o más bien unos cuscurros de mortadela y queso que le quedaban.
   Una vez realizadas las diligencias oportunas sobre el affaire, regresó a su residencia.
   Mas trascurridas unas pocas semanas empezó a sentirse mal, pensando que si salía a la calle podía verse envuelta en alguna redada por mor de disturbios callejeros o ajuste de cuentas, y volvió a ir a la comisaría de su pueblo al objeto de hacerse un DNI nuevo, quedando más tranquila con el resguardo en el bolsillo mientras tramitaban el otro.
   En el breve trayecto, se topó con una gran tienda que estaba echando la casa por la ventana, liquidando todas las existencias por cierre.
   Con las mismas entró como una exhalación, sin tiempo que perder, como no podía ser de otra manera, y una vez que se despachó a su gusto, fue a la caja a sabiendas de que no disponía de fondos, pero lo resolvió dejando reservada la compra para el día siguiente.
   Puri, en su afán por la moda, el estilo, y, cómo no, para estar en forma se inscribió a un curso de meditación chakra en su proceloso caminar, recuperando energías y cierto bienestar espiritual, evocando los años de catequesis y meditación parroquial de su adolescencia.
   Y no quedó ahí la cosa, ya que impulsada por los hálitos de su homónima Purificación García, empezó a buscar diseños exclusivos de su firma por todas las boutiques de moda, a sabiendas de que estaba sin blanca, y lo dejó pendiente, mas cuando terminó la operación se le torcieron los vientos.   
   En esas trapisondas andaba Puri, cuando sintió la necesidad de ir al baño, y cuál no sería su extrañeza cuando al introducir la mano en el bolso se topó con unos raros documentos, de distinta tinta y hechura pero con perfiles similares, de color rojo chillón mezclados con sangre seca, aumentando la incertidumbre más si cabe cuando vio que la foto del DNI era de una muchacha siria, que aparecía colgada en las redes sociales como presunta terrorista.
   Quizá no fuese lo peor que le habría ocurrido a Puri, pacífica y bondadosa como ella sola, al tener la mala suerte de cruzar una calleja del casco antiguo, refugio de indigentes y ocupas, en el instante preciso en que llegaban las fuerzas del orden pidiendo la documentación a todo el mundo, y al comprobar la de Puri la introdujeron ipso facto en el furgón, toda vez que no encontraban ninguna justificación al hecho de llevar en su bolso documentos de una supuesta asesina, ingresando en prisión preventiva, mientras se llevaba a cabo las oportunas pesquisas, si era inocente o pertenecía a una célula yihadista.
   Al cabo de un tiempo, las dudas se fueron despejando, y en un día trasparente y limpio vio Puri el cielo abierto, saliendo sana y salva del negro módulo, que casi le muerde el alma, pero al menos le arrancó los puntos negros de la adicción, no pensando ir nunca más a las rebajas, llevando una vida tranquila con los suyos. 
   A la mañana siguiente de la liberación fue Puri a la iglesia del barrio a agradecer a Santa Rita, abogada de imposibles, lo que había hecho por ella, liberándola de tan onerosa carga, cual otro Sísifo, y después de haberle acaecido tantos y tantos contratiempos y pesares.
   No cabe duda de que salió Puri totalmente purificada del templo, libre del compulsivo instinto, aunque con la cabeza gacha pero satisfecha, el pecho lleno de aire puro y una sonrisa ancha.
   Y sintiéndose desbordada por la emoción, y un tanto distraída por la euforia, se dio de bruces con un enorme cartel del Corte Inglés cayendo como un muerto al suelo.
   En grandes letras rojas anunciaba: últimas rebajas al 70 por 100 de descuento.    

                                                              *Nota del editor. Ése es el nombre del pueblo que aparece en el manuscrito.