sábado, 8 de diciembre de 2012

¿Acaso ve la esponja por donde llora el mar?







                                

   Después de haber pasado la esponja una seria gripe, en que estuvo entre la vida y la muerte, y una vez repuesta, muy recatada y curiosa, se tomó su tiempo, pasando largas horas en su rincón favorito, en las faldas de una áspera roca marina, que había en el mismo punto donde morían  las olas, y agachándose con sutileza por debajo de la falda, estuvo fisgando desde su posición, y se interrogaba ansiosa dónde estarían los ojos del mar, atraída por ese misterio que a nadie contaba y le intrigaba sobremanera, y asimismo cómo lloraba, si sería por los bruscos acantilados de las costas ocultando las pupilas, o por los ríos o canales, como los de Venecia, al subir la marea o en la misma orilla, donde se deshilacha la blanca espuma de las olas.
   Pero aquel día de tormenta y granizo, escarbando paciente y concienzudamente en la arena, fue encontrando restos de fósiles, de caracolas y pececillos, residuos acuosos, negras gotitas, y comenzó a brotar agua y más agua con un salado especial, tan nítida y fidedigna como la de una tierna lágrima que brota del alma, y se dijo la esponja para sus adentros, eureka, eureka, lo encontré, contagiándose a su vez de sus pesares, y fue aminorando la llantera y lágrimas del mar taponando el orificio ocular abierto en la arena con mucho mimo y unas gruesas lascas, cerciorándose del enigma, y llegando a la conclusión de haber averiguado por donde lloran a lágrima viva los mares del alma, que a fin de cuentas son los mismos mares que vibran en el corazón de los continentes.
     

No hay comentarios: