
Era la hora de desentumecer músculos recorriendo unos saludables kilómetros en dirección al Tesorillo, pensaba Norberto, apuntando que no se puede olvidar el papel o embrujo que juegan los nombres a veces en el subconsciente infravalorando o alentando las nobles ansias de volar, como corrobora el dicho popular, quien tiene un amigo tiene un tesoro.
Al poco de emprender
Norberto el vuelo hacia la playa de Velilla por la ruta marcada, según avanzaba
organizando pensamientos y proyectos es abordado de repente por dos sirenitas, parándole los pies y casi los latidos, viéndose atado de pies y manos al querer hurgar en sus interioridades, pesares, creencias, heridas o pensares descascarillando
el disco duro de su cerebro, cual cirujano en la sala de operaciones, o
jugar a las adivinanzas con la bolita de cristal imaginando la mar de aventuras
o fantasías.
Al preguntarle cuál era su misión respondieron
que durante la estancia en la Costa Tropical harían entrevistas por
encargo del centro granadino donde estudiaban como actividad
extraescolar, por lo que se apresuraban a plasmarlo cuanto antes y de la mejor
manera, a ser posible con nota.
Para dicha operación
no cabe duda de que podrían haber elegido a alguien de generación nini (que ni estudia ni trabaja), a un
clérigo por aquello de la vocación o a un autónomo, pongamos por caso, que
atesora bienes o patrimonio haciendo gala de febriles actividades facturando artículos, mercancías u otros productos a diferentes puntos del
globo, recibiendo o enviando informes, parabienes, quejas o
ingresos por las ventas al por mayor y un largo etcétera, pero eligieron a
Norberto, un jubilado de por vida, tal vez porque le vieran ciertas arrugas fáciles
de transitar, dándolo de antemano como pan comido, o acaso atisbasen destellos
filosóficos en sus pesados hombros o andares, vaya usted a saber, aunque lo que
al parecer buscaban eran brotes teológicos acerca del más allá, tal vez por reminiscencias de San Manuel Bueno.
En los prolegómenos
no había techo dependía, según señalaban, de hasta dónde se quisiera llegar.
Y para llevar cabo tan
peliaguda tarea decidieron cortar el paso a Norberto, impidiéndole la marcha,
empezando a descargar una batería de cuestiones que extraían
del bombo de la agenda que lo dejaban tiritando.
-Hola, buenos días,
señor. ¿sería tan amable en contestarnos unas preguntas?
-Bueno, y a todo
esto, ¿se puede saber quiénes son ustedes?
-Tiene usted razón,
no nos hemos presentado, pertenecemos a un centro de enseñanza de Granda, y nos
han encargado como trabajo académico entrevistar a la gente sobre un
cuestionario previo durante la estancia en la costa.
-Pues mal empezáis, queridas
indagadoras, porque, sintiéndolo mucho, puedo caer en la tentación de enunciaros
no pocas barrabasadas o raros galimatías por mis superficiales conocimientos, y
sean a su vez difíciles de digerir en esta enigmática mañana que nos envuelve,
a un paso de los tiburones y la blanca espuma marina, y si no al tiempo.
-A ver, señor
Norberto, ¡cuánta fantasía posee!, no será para tanto, y entrando en materia, ¿
nos podría decir en qué consiste la felicidad?
-Oh, madre del amor
hermoso o de los cielos más celestiales, que diría Santa Teresa, ilustre doctora
de la Iglesia, ¿sabéis lo que creo?, pues muy simple, que si lo supiese no me
hubierais encontrado tan fácilmente haciendo el camino del Tesorillo, que no el
de Santiago que está más lejos, sino que me movería por otros derroteros bien
distintos, y tal vez ostentando algún cargo relevante en la sociedad, algo así como
obispo si se mira por la vertiente teológica, o acaso rey de reyes o sabe Dios por
dónde, quizá viajando por otros planetas más impolutos y humanos; por lo demás,
qué os puedo trasmitir desde mis limitadas posibilidades.
-Tiene usted razón
en el fondo, pero ahondando en el concepto, ¿cómo lo desmenuzaría?
-Pienso que no
sabría así a bote pronto, porque la felicidad es frágil, efímera y caprichosa,
como apuntan las canciones veraniegas de amor o felicidad, y tanto es así que
asusta, al ser tan escurridiza como el pez en el agua, toda vez que cuando se
tienen fundamentos serios y reales para sentirse feliz a lo mejor no se siente,
al no vislumbrar la luz de la lámpara, no valorando los fehacientes factores o palpitantes
y reconfortantes perspectivas en lontananza.
-¿Entonces, es una
entelequia para usted?
-Espero que no, no
quise decir tal cosa, pero es tan fugaz, subjetiva y voluble que tiembla uno al
mencionarla por temor a que se espante.
-Y si poseyese todo
el oro del mundo, ¿lo sería?
-Bueno, de entrada parece
que no, porque como dice el refrán, con
pan y vino se anda el camino, recordando que con cosas básicas se puede
vivir.
-¿Y cambiando de
tema, cree en la otra vida?
-A ver, me
estáis poniendo en un verdadero aprieto a estas horas tan inmaculadas de la
mañana y se me está atragantando la poca saliva que queda, es algo que puede sacarte
de tus casillas sin lugar a dudas por su singular trascendencia, aunque para
salir del paso se pueden decir cuatro memeces y punto, porque es vox populi
que nadie desde los prístinos tiempos de Adán y Eva se ha dignado volver para saludarnos
y señalar alguna salvedad o recomendación al respecto ni en invierno ni en verano,
ni siquiera al conmemorarse el nacimiento del Niño Dios. ¿Qué ostracismo o
secretismos tan sacros se barajan en sus meninges o Sancta Sanctorum, y tan sumamente
dañinos o contraproducentes para que no suelten prenda ni los ángeles
condenados, ni los santos más dicharacheros, ni tan siquiera los inocentes
niños por el día de los Santos Inocentes, que siempre suelen decir la verdad al
igual que los beodos antes del delirium tremens. No hay manera de que digan
algo sin hacer ruido, habiendo no poca curiosidad por escudriñar en todo ello
para tener algo que echarse al cerebro, por si se encontrase la caja de
pandora, y salir corriendo por calles y plazas llenos de júbilo gritando como
loco, ¡Eureka, Eureka, lo encontré!
-Pero para
ello se precisa la Fe, señor, que mueve montañas.
-¿Y creéis que
todo es Fe? ¿y dónde quedan vocablos como fantasía, ensueño, musa o misterio,
así como las empatías o aficiones artísticas, culinarias, estéticas o las
obsesiones que en ocasiones nos amedrentan por los caminos?
-No se digna usted
apearse del burro ni bajando por la Cuesta de Panata, mostrando aunque sea una
brizna o respuesta de peón caminero o de andar por casa para insertarla en el
bocata académico, y nos daríamos por satisfechas, pues tenemos ya apetito a
estas horas.
-Ay, amigas
entrevistadoras, sólo sé que no sé nada, y mucho menos de lo que hay detrás del
monte de las ánimas o la cortina de los cielos, e incluso de lo que tenemos en
estos instantes delante, porque hay que tener en cuenta que los sentidos nos engañan,
de ahí los espejismos o bulos tan crueles que nos zahieren cuando menos se
espera.
-Y si se
acabase el mundo hoy, ¿qué sensaciones o impresiones desvelaría usted?
-A ver, el
ser humano lleva en el cerebro una maquinaria que funciona a la perfección
hasta que falla un tornillo o se cruzan los cables, pues no hay que olvidar que
todo el universo humano es un vertedero donde desembocan como en el mar todos los
detritus de la vida, y de esa sedimentada podredumbre el genio o artista extrae,
recicla o cierne los mugrientos residuos, sacando a flote las límpidas esencias
que duermen en sus neuronas.
-¿Y ve
perfecta la creación?
-Mirad, mujeres
sabias, doctores tiene la santa madre ciencia para calibrar en sus justos
términos las disquisiciones o calaveradas del cosmos en el que vivimos, toda
vez que puede que existan otros mundos y se irían al garete todos los
argumentos, y en lo que respecta a mi humilde persona podría sacar los pies del
plato soltando la lengua, y largar largo y tendido lo que no está en los
escritos husmeando en el panorama místico-músico-astral o vivencial de los
mortales, y desde esa atalaya fustigar lo execrable, ensalzar lo loable o
ningunear lo repugnante, ¿pero somos capaces de esclarecer las oscuras aguas de
los pensares y pozos negros? ¿y el amor, cómo se moldea su misteriosa esencia
para que no duela el corazón al untarlo en las llagas de la química, y no
perderse por los senderos rodando un tanto desafiantes, bebiendo en cualquier
copa los venenos con los que nos obsequia la vida?
El que esté
libre de culpa o debilidades casi insalvables que arroje la primera rosa, piedra
o clavel, o calle sin más... pues no está la cosa para tirar cohetes o
entrevistas al aire contaminado alegremente así como así, ¿no os parece,
palomas mensajeras de la felicidad?
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