domingo, 13 de noviembre de 2011

Folio


Su textura atrae en determinados momentos y circunstancias, cuando la imaginación abre las ventanas y deja que entren los rayos solares y creativos, y placenteramente se sitúa uno en su regazo, ante su faz, y va fabricando productos, eventos, acontecimientos o las más disparatadas peripecias; cuando eso ocurre, entonces su imagen es grata, risueña y atractiva.
Sin embargo, cuando los negros nubarrones se ceban con él, y su cándida blancura se torna esquiva, remolona y antipática, sembrando negatividad y desidia entre sus fibras, entonces chirrían todos los elementos de la estructura, el color, la temperatura, el tamaño, y los primordiales objetivos para los que fue hecho en los talleres del ramo.
Antaño los pobres no ofrecían sus mejores guiños ni galas, eran de un material tosco, rústico, apenas sin labrar. Lo mismo aparecía en un tronco arbóreo que en las paredes de una caverna despintada por las inclemencias del tiempo, o la acción de los humanos. Al cabo de los siglos, las técnicas se han perfeccionado y pululan inmaculados por doquier, en librerías, bibliotecas, papelerías, talleres de escritura, etc.
Existen infinidad de tipos, modelos y tamaños, y es a los niños a quienes más ilusión les hace con sus diabluras, al esbozar los primeros balbuceos y pinitos de grafías y abecedarios. Más adelante se recrean en sus líneas lúdicas, deletreando adivinanzas, leyendo historietas, cuentos, resolviendo sopas de letras, crucigramas, y así, poco a poco, se van afianzando y desarrollando en sus entresijos, en sus cimientos, solazándose, tanto chicos como ya grandes, inmersos en sus tiernas y dulces garras, viviendo o plasmando los sentimientos más íntimos, envasándolos en una especie de cápsulas literarias muy rebuscadas y selectas, que destilan almíbar a los letraheridos, y una vitalidad cósmica, que resucita a los moribundos y pusilánimes, conteniendo en sus entrañas, ladrones, justos, ajusticiados, rebeldes, altruistas, cuerdos, desvencijados, ilusionados, deprimidos, ciegos que ven, histriones, bandidos, santos, proezas, reclusos, las fantasías de millones de historias y tramas, que participan y viven conjuntamente los más diversos avatares en los diferentes laberintos, vericuetos y etapas de la vida, desde la cuna hasta la sepultura.
La existencia está configurada y zurcida de puro cuento, cuentos al nacer y cuentos y más cuentos durante el viaje y al concluirlo, y sigue viva la leyenda, hasta el punto de ser transportados en la barca infernal de Caronte a la otra orilla, atravesando la laguna Estigia o el río Aqueronte, y por si fuera poco, y si nadie lo remedia, nos seguiremos alimentando de ellos por los siglos de los siglos.

2 comentarios:

Pedro Rojano dijo...

Muy bueno Pepe.

Lucia Muñoz dijo...

Una muestra maravillosa de tu podería hilvanando escritos, ya sabes que me gustó mucho en la tertulia del miércoles y me reitero en ello.
Gracias por el placer que me ofreces con tu escritura y tu amistad.
LUCIA.