jueves, 3 de noviembre de 2016

Permanecían vírgenes



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   No había exhibido hasta entonces
las emociones 
en paradores turísticos, 
en la barra del bar oliendo a mojito de Sabina, 
en eventos de roja luna
ni en miradores benditos; 
bogaba silente por playazos, riberas, 
y cangrejos entre guirnaldas, guiños, 
tablaos, calillas, tablazos, cigarrillos 
y plazas en alborozadas alboradas 
y noches de soleada ternura 
plenas de picoteos, tientos,
eros y cual rayitos de luna 
la luz de sus ojos iluminaba el camino; 
por lo que todo el top secret
urge sacarlo y airearlo 
amasando presto el poemario de una vida,  
que desde hace tiempo bulle por dentro, 
llevándolo urgente a la tahona
y ponerlo al fuego vivo de la tinta,
dándole aliento y besos a manos llenas,
antes de que se encarame 
en las copas del monte del olvido, 
encarnándose en apreciados 
y dulces renglones el Verbo,
y se precien de ello los versos,
manteniendo encendido el fuego
del vivir, y, cual divina Vesta,
servirlos en bandeja de plata  
al mundo, a los cuatro vientos del alma.


lunes, 31 de octubre de 2016

Coloquio de dos amigos al cabo de los años


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   Paseaba Alberto por la ciudad de la Alhambra desde la puerta de Elvira hasta la de Bib-Rambla, rememorando hitos, vetustos monumentos y gratas emociones, cuando de súbito se produjo el encuentro.
   -(ALberto): Hola, perdone señor, ¿no es usted Peter?, puedo equivocarme, pero no importa, hace tanto tiempo que no te veo. Un pajarito me dijo que gozabas de una envidiable situación social, siendo todo un señor cátedro de universidad, y por un tris no llegaste a rector.
-(Peter) Oh, gracias, Alberto, ¡qué cumplido eres!, no dudo de que seas tú en carne y hueso, ¿no es cierto? pero vamos, dejémonos de más monsergas, y démonos un abrazo como Dios manda, qué demonios, y evoquemos aquellos viejos tiempos. Te percibo tan parsimonioso como siempre y servicial, ayudando a la gente, yendo de aquí para allá sin parpadear, incombustible, en continua acción, ofreciendo dádivas, ideas, apuntes académicos, eventos culturales, resoluciones.... Bueno, pero hace tanto tiempo que no conversamos, y no sabemos apenas nada el uno del otro, pareciera que nunca nos hubiésemos conocido. Por momentos el subconsciente me dice que eres el doble, y que todo es pura apariencia, espejismos cruzándose en el camino.
 -(Alberto) Qué carajo, Peter, ven para acá, ajá, espera, toca, sí, ¿no estás ya seguro de que soy yo y mi circunstancia, el mismo que conociste en los años mozos?, y a propósito, ¿no recuerdas los Vía Crucis que hacíamos durante los fines de semana visitando tascas o los más pintorescos conventos, bodegas o garitos degustando los ricos caldos y sabrosas viandas granadinas tomando las tapitas de rigor, sardinas, albóndigas, croquetas, atún, morcilla o migas alpujarreñas entre otras, y cuando atravesábamos la calle Alhóndiga había que estar siempre pendiente del maldito tranvía para no ser engullidos por sus colmillos de hierro, conduciéndonos autocomplacientes no de Poncio a Pilatos sino del frugal Rinconcillo a Puerta Real, pasando por el Rescoldo, el Jandilla, la taberna de las Papas Bravas o lo que se terciera. Y luego, después del "opíparo"? almuerzo en el Pay-Pay, comedor estudiantil en boga entonces, y dicho con el mayor decoro que no descaro, cuando se sobreentiende que el estómago rebosa de alimento, resultaba que tan pronto pisábamos la rúa, se nos iban los ojos hacia las pastelerías más próximas ansiosos por acallar el crujir gástrico causado por el desnutrido menú del día, tomándonos algún pastelillo si quedaban rubias en el bolsillo.
-(Peter) Bueno, Alberto, jamás pensé encontrarnos por aquí, es la pura verdad, y menos en estas fechas de hojas muertas revoloteando por los derroteros, oliendo a castañas y retumbando la voz de don Juan Tenorio, aunque admito que apenas sabía de tu paradero, y me digo a cada instante si te das cuenta de que la gente se suelta el pelo y representa el teatro de las Danzas de la muerte sin descanso, es gente que conoce uno y se va sin avisar, como dice el poeta, "Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando"...
- (Alberto) Ostras, macho, qué duro, y a todo esto cambiando de asunto, no presentas una mala figura, nada que ver con el caballero de la Triste figura, se ve que te trata a cuerpo de rey la vida, ¿y qué buena nueva traes?
-(Peter) A ver, sugiero que hablemos de los avatares, desguaces o trincheras, tierra quemada o desquiciamientos personales.
-(Alberto) ¿De eso? uf, uf...
-(Peter) ¿Y por qué no? Sin ir más lejos te diré que el otro día me mantearon en el pueblo por llevar a cabo un simulacro de primarias saliendo victoriosa la candidatura Sanchizta.
-(Alberto) Pardiez, presentía otros trinos o devaneos.
-(Peter) Nada del otro mundo, del tránsito por los surcos del comer.
-(Alberto) Sería mejor tocar algún aspecto innovador o cualesquiera quisicosas donde poder hincarle el diente a conciencia y moverse con total libertad, gracejo y enjundia, como por ejemplo el campo de la filosofía o si los prefieres de la teología o similares..., pues eso que apuntas en cambio...
-(Peter) Sí, de acuerdo, los cimientos filosóficos suelen ser más contundentes que las arenas movedizas del vivir, y los argumentos conceptuales  ofrecen mayor transparencia al mundo noético y a la razón, lográndose con tales herramientas profundizar más en las entrañas de la madre naturaleza y la conciencia a través de la intuición, el raciocinio y los sentidos, explorando tanto lo divino como lo humano.
-(Alberto) Bueno, creo que filosofar se puede hacer a cualquier hora del día descomponiendo el puzzle de las cosas ("Scientia omnium rerum per últimas cuasas"), en cambio si nos lanzamos a la piscina de la teología las divinas palabras puede que nos ahoguen, al ser los apoyos un tanto resbaladizos, como peces que se escapan de las manos y de las apreciaciones más corrientes, desconociéndose en parte sus parámetros o a lo mejor dando palos de ciego. Y volviendo a los avatares, no se sabe qué motivaciones te impulsan a semejante curiosidad.
-(Peter) Mira, Alberto, parece que según circula por la vía el tren en el que viajamos (que en ocasiones es mejor dormirse ajeno a lo que acontece en derredor porque el producto ofrecido está caducado), y si nos remontamos a antaño, aquellos tiempos de entrega ciega al credo puro y duro, al dogma reinante, no resultaría extraño o inconexo seguramente el argumentario, pero habrá que reconocer que a la larga la jerga comunicativa y el carburante vital se van empobreciendo o enrareciendo por el mal uso o deficiente funcionamiento de la maquinaria fisiológica, por las innumerables goteras, al irse deteriorando las neuronas, la masa gris y las convicciones, acarreado mayormente por la erosión de los agentes externos e internos, cayendo como un diluvio o losa sobre nuestros pensares y actitudes, generándose no pocas contrariedades, volcanes o serias dudas hasta el punto de ir mudándose la color, la esencia humana, adquiriendo un matiz torpe, evanescente y no poco cuestionable. De todas formas espero que no haya ocurrido ningún tsunami en tu vida.
-(Alberto) No sé por dónde bogas, Peter, pero antes salía a la palestra retozona la palabra Fé, y todo el mundo reaccionaba con firmeza entonando el himno de la alegría, aceptando que movía montañas y servía lo mismo para un roto que para un descosido (a propósito, hay en el mercado un ejemplar con idéntico título Rotos y descosidos); en cambio en esta época tan precaria y volátil, de acontecimientos tan precipitados y fungibles no se sabe cómo esbozar alguna sonrisa o pinceladas sobre nuestra deshilachada existencia.
-(Peter) Qué retorcido me lo pones, Alberto.
-(Alberto) Mira, Peter, como si se repitiese ahora el desaguisado de la escena bíblica del Paraíso Terrenal, pero no entre el amo y los pobres huéspedes, sino entre ellos mismos en este caso, Adán y Eva, siendo yo incriminado de forma gratuita en hurtos y allanamientos de morada que nunca cometí, así como de violencia de género mediante denuncias y falsos testimonios. Al cabo del tiempo, como mi pareja no se quedaba encinta recurrimos a un vientre de alquiler, y todo iba bien, alumbramiento y crianza del retoño hasta que la madre biológica me denunció alegando que no le había abonado lo estipulado, y que para más INRI no podía vivir sin su pimpollo porque ella lo había parido. Y pidió que se lo entregase de inmediato. Imagínate la faena...   
-(Peter) Oye, Alberto, cuesta creerlo, me pones los pelos de punta, pues te consideraba un afortunado. Te tenía por un heroico Ulises regresando al dulce hogar en busca de su amor.
-(Alberto) Pues así es, amigo mío.
-(Peter) Entonces, ¿qué hiciste después?
-(Alberto) Al quedar en la ruina, tenía que dormir en la calle, lo que me arrastró al fango, la droga y la prostitución.
-(Peter) No me lo puedo creer.
-(Alberto) Para tirar para adelante, me vi forzado a lo peor, permaneciendo dos largos lustros entre rejas. Ésa es mi hoja de servicios de los últimos años, compañero.
-(Peter) No encuentro palabras.
-(Alberto) Y yo que tenía unas ganas locas por compartir un rato feliz contigo contándonos cosas, hablando de cualquier chorrada, de los bocatas que nos zampábamos en el Aliatar o en la bodega de calle Elvira..., o por qué no haber parlamentado sobre los Diálogos Morales de Séneca por ejemplo, de su filosofía, de cómo vive un estoico o bucear en las aguas  del epicureísmo. Pero no, lo tuve muy duro; pues más tarde mi hijo, falsificando la firma de mi ex, me denunció al tribunal de menores y tuve que poner pies en polvorosa huyendo a Hamburgo, alistándome en el ejército rojo de San Pauli, donde según sus biógrafos los Beatles colocaron la primera piedra de su carrera. Por lo tanto no está el terreno abonado para que toquemos temas de teología o teodicea o teogonía, porque parece que todo está hecho añicos. Llevaba una existencia placentera, sonriente hasta que reventaron mi vida.
-(Peter) Pues no sabes el chasco que me llevo, ¡vaya desengaño!
-(Alberto) Dímelo a mí. ¡Ah!, se me olvidaba decirte que a consecuencia de la promiscuidad contraje unas purgaciones de muerte. Así que nunca pienses que estás a salvo de nada, de horrendas conjuras o de las más inusitadas elucubraciones.
-(Peter) Entonces al hilo de lo que cuentas ¿sabes lo que se me ocurre decir, amigo del alma?, cosas más raras veredes ...
   


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domingo, 26 de junio de 2016

La sirenita






   Una noche de verano por mor del calor abrasador, se encontraba Luis angustioso e inquieto. Los brazos de Morfeo no lograban el objetivo, vagando su cabeza sin orden ni concierto por el despeñadero, sintiendo raras sensaciones.
   Advertía unas emociones inexplicables, extrañas, como si alguien, un halo sobrenatural o un ínfimo átomo caído del firmamento le conturbase por el camino. Sólo sabía que fuera lo que fuese, el día no podría acabar así, ¿y qué haría entonces? deambulaba de una lado para otro sin saber a qué atenerse, y decidió vestirse y salir a pasear, lo tuvo muy claro desde el principio pese a todo, paseando tranquilamente por la playa.
   Inició la travesía saboreando los encantos del paradisíaco lugar que de manera inesperada se le ponía por delante, y si lo pudiese definir de algún modo el nombre más apropiado sería el de edén. Lucía una noche espléndida, de luna llena, el mar en calma y un silencio sobrecogedor, con el cielo estrellado y una brisa fresca oliendo a libertad. No había duda de que hizo lo mejor.
   Pero de repente algo le trastocó el ánimo en demasía quedando petrificado, fue una silueta femenina que se movía nerviosa entre las oscuras aguas marinas no lejos de la orilla, ya bien entrada la noche, y mentiría si negase que sentía un poco de miedo, pero respiró al fin ... y el importuno contratiempo se convirtió en una sensación agradable, de paz y confianza. Más tarde, volviendo a fijar la mirada en el confuso mar comprobó que era algo ignoto, pues la mujer no seguía allí. ¿Qué habría sucedido? ¿Sería tal vez una sirena que nadase desnortada, que hubiese perdido el rumbo?
   Entre tanto Luis, tal vez imbuido por los vientos de Odiseo, que se embelesaba sobremanera  escuchando el canto de las sirenas, le ocurriese otro tanto, no siendo así el caso de los marineros que le acompañaban, a los que taponaba el oído con cera para que no entrasen en cólera temiendo por sus vidas.
   Permaneció Luis, durante un tiempo atento a los avatares femeninos por si necesitase ayuda, por si pasara por un mal momento remolcada por el oleaje, pero al poco adivinó que todo había sido producto de una falsa alarma. !Qué ridículo era todo!-mascullaba.
   Luego se sentó plácidamente en la arena, y fue recordando los hitos de la infancia, cuando la abuela le relataba al calor de la chimenea historias, chascarrillos, cuentecillos y leyendas, como la de una joven que desapareció misteriosamente una noche de verano entre las olas, haciendo hincapié en lo enano y poquita cosa que era por aquel entonces, cuando la abuela la contaba por primera vez, y a su corta edad ya se le hacía la  boca agua, encontrándola bastante curiosa, y más adelante, ya en la pubertad, le instó a que se la narrase de nuevo, descubriendo nuevas facetas cada vez más sugerentes y atractivas, preñada de nostálgicos sentimientos por los tintes románticos que atesora, y dice así:
   "Había una vez en un pueblo pesquero una joven admirable, de largo y oscuro cabello, ojos verdes y luminosos, rebosantes de vida y esperanza, capaces de seducir a la misma luna. Y cuentan que un buen día un acaudalado caballero la vio mientras paseaba y quedó prendado de su aura, provocándole un fuerte impacto e intentó cortejarla, pero ella en una titubeante mezcla de ingenuidad, miedo y timidez no le hizo el menor aprecio.
   Tales eventualidades avivaron el fuego del interés por la muchacha, ya que estaba acostumbrado a tenerlo todo y ahora no iba a ser menos. Por ello pensó que enamorarla y desposarla sería el gran desafío, y a buen seguro que lo conseguiría por sus dotes donjuanescas y la gran autoestima. Y así aconteció en efecto cuando reanudó el cortejo y, aunque al principio no le fue nada fácil, dado que la moza se mostraba esquiva y de corazón puro, no dejándose deslumbrar por joyas o vanas promesas, sin embargo con mucho esfuerzo y tesón lo lograría.
   Pasaron los años y los meses y el apuesto y rico joven se dignó pedir su mano, recibiendo la familia complaciente la buena nueva, aceptando con emoción el compromiso todos menos la protagonista que, aunque guardaba respeto y admiración por él, no compartía tal decisión, no considerándolo, como vulgarmente se dice, amor del bueno, aunque pensaba interiormente que la ocasión la pitaban calva y que no encontraría otro mejor por esposo, y con el paso del tiempo la atracción se convirtió en amor verdadero.
   Unas fechas previas a la boda la mujer, ferviente amante del mar, soltándose el pelo, salió como otras veces a pasear en bañador por las arenas movedizas de la orilla del mar. Y después de una larga caminata, haciendo una noche de cine, con hermosa luna roja, como la pintaba la abuela, guardando no poca semejanza con la presente noche, la joven se disponía ya a calzarse las chanclas para regresar a casa, cuando de improviso la aborda  un hombre de aspecto juvenil y risueño, aunque hasta que no estuvieron frente a frente, no se sabía a ciencia cierta lo que quería.
   Mas cuando ella vio los azules y bondadosos ojos del mozo, sintió el revoloteo de millones de mariposas en el estómago, siendo entonces cuando él tomó su mano, al tener claro que se había enamorado, exclamando ella toda turbada, ¿pero Dios mío, qué es esto? ¿quién es? ¿qué me pasa? ¿Por qué siento todo esto si en el fondo es un desconocido?, todas esas interrogantes y muchísimas más discurrieron por el reguero de su cerebro en tan sólo segundos, y fue en ese breve lapsus cuando el apuesto y humilde caballero con acento extranjero le dijo bajito al oído que llevaba años siguiéndole los pasos, observándola desde la distancia con gran devoción y amor sincero, pero nunca se atrevió a confesarlo, porque tal vez no fuese el mejor partido para ella -pensaba-, ya que no podía ofrecer nada más que protección y un amor incondicional y sin reservas.
   La joven se quedó sin palabras, no sabía qué decir, quedando en estado de shock, sólo era consciente de que en tan sólo cinco minutos sentía más confianza, amor y complicidad por el desconocido que por el prometido de toda la vida, y el joven de ojos azules y cabello rubio la invitó a pasear, y cuando estaban a la vera de las barcas de los pescadores la tomó entre los brazos, y la besó como nunca había besado, y entonces ella supo que si lo perdía nunca volvería a ser feliz.
   A continuación los jóvenes, cogidos de la mano, se juraron amor eterno, y ella muy decidida se fue hasta la casa para trasmitirle a la familia lo ocurrido, pidiendo la anulación inmediata de la boda con el caballero acaudalado.
La joven contó todo a sus padres y con la mayor decepción y tristeza del mundo tuvo que escuchar la negativa, quedando todos horrorizados ante tan atrevida propuesta. Ellos pensaban que aquel joven era un farsante, un charlatán de feria que se aprovecharía de la hija y acabaría hartándose de ella a la vuelta de la esquina, y se negaron a romper el compromiso. La joven salió presurosa rumbo a la playa, porque necesitaba volver a ver al amado pero ya no estaba allí, entonces se sentó en la arena toda desconsolada y no paró de mirar por las rocas y acantilados buscándolo, y no cesó de llorar y llorar durante toda la noche, y fue al parecer tan copioso el llanto que cuentan los más viejos del lugar que cuando los padres fueron a rescatarla sólo encontraron un enorme charco de lágrimas, descubriendo asimismo que la luna, las lágrimas y el mar ayudados por una luz que llegaba de las alturas habían convertido a la enigmática joven en la sirenita más hermosa que jamás se había visto, saliendo todas las noches a la superficie de las aguas envuelta en blanca espuma, su vestido de novia, y con festiva sonrisa veía al amado, que nunca pudo dejar de ir a buscarla, yendo a la playa cada noche hasta el fin de sus días, y nunca dejó de amarla por ser el leitmotiv del vivir, de sus sueños de carne y hueso, que le suministraba el carburante para levantarse cada mañana para acudir al trabajo por ser el gran amor, su sirenita del alma.
  Al cabo de los siglos, en playa Puerta del Mar de la Antigua Sexi, al llevarse a cabo unas excavaciones arqueológicas se hallaron verdaderos vestigios de tales encuentros íntimos, levantándose en su honor en el marinero corazón sexitano, en los bajos del Altillo, el pub que lleva su nombre, la Sirenita, a fin de honrar tan legendaria y dulce memoria.   
   

lunes, 13 de junio de 2016

Con la escritura a cuestas




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   Como cualquier droga, viajar por la vida requiere un aumento constante de la dosis.
   Pese a los anhelos del ser humano por volar como un pájaro, y vivir nuevas experiencias yendo de avión en avión, de hotel en hotel, de bus en bus visitando fuertes medievales, condados o ciudades con encanto, zambulléndose en sus ancestrales aguas culturales, resulta a fin de cuentas que todo el embolado se disuelve raudo cual azucarillo en vaso de agua, pues como ya apunta el dicho popular, el mundo es un pañuelo.
   Y si nos ceñimos a los contenidos, no cabe duda de que quien guarda no pocas similitudes con el demonio mundo es un periódico, mediante los pertinentes titulares y resto de apartados, planteamiento, nudo y desenlace, confeccionados golpe a golpe, letra a letra, a gusto del consumidor casi siempre, arrimando el ascua a la sardina del poder, condición sine qua non, donde se pontifica sobre lo divino y humano, los avatares y puntos noticieros más calientes del momento según el punto de vista adoptado, como puntos negros del cosmos, y de esa guisa hacer hincapié en los componentes que entran a formar parte activa de la sustanciosa ensalada que se oferta a los comensales en la fiesta del chivo o de los intereses creados, donde el marketing marca la diferencia al respecto, ahorcando lo comprometido o pactado, abarcando todo un abanico de variedades, lo virtual, el sexo de los ángeles, las utopías en boga, las romerías, las sagas, los reinos de taifas o el reino de Hades, deshilachando los hilvanes y resortes de la consciencia, al ir ingiriendo en pequeñas dosis y sin advertirlo, pesticidas, abonos harto corrosivos y basura, emponzoñando los pensares, los tiempos y los tiernos brotes primaverales.
   Tales sustancias subvierten los guisos más sutiles que se cuecen entre ceja y ceja, así como el orden universal de las células madre, levantando ampollas o barricadas en los proyectos o en los egos, con el riesgo de trastocarlo todo, dando un vuelco al mundo, errando de cabo a rabo, como la paloma de Alberti, que por ir al Norte fue al Sur, sustentando al ciudadano con caducas algas de plástico submarino o de importación de lejanos planetas por un irrisorio precio, siguiendo el repertorio con insensibles sones de semicorcheas, cobayas de laboratorio, hidrógeno de medio pelo mezclado con güisqui a granel, o pergeñando amañados embarazos en homínidos por inseminación partidista, surgiendo raros síntomas por la acción clandestina del zika, y ofrendando a los postres verduras televisivas tras la lectura del suplemento periodístico, donde se dibuja, actuando con doblez, las indigencias del espíritu o las tentaciones de la carne, recomendando para ello en semejantes coyunturas el ameno disfrute de don Carnal y doña Cuaresma del Arcipreste de Hita que dice, "Sobre el tema que ahora me propongo escribir/ tengo un miedo tan grande que no puedo decir/; con mi ciencia, tan poca, poco he de conseguir/. Vuestro saber, señores, mi falta ha de suplir".../, y otros diferentes lemas como, Quien ríe el último ríe mejor, o cómo se organiza una pareja at home.
   La pareja que desayunada en el bar, ojeaba mientras tanto los epígrafes periodísticos, llamándole la atención la columna donde se abordaba el sufrido trabajo del ama de casa, siempre al pie del cañón, haga frío o calor o caigan chuzos de punta, sugiriendo el periodista la idea de hacerle justicia concediendo por ley una paga vitalicia, atenuando las fatigas domésticas, planchar, cocinar, limpiar o atender a todo bicho viviente.
   En el tráfico de los días y las noches, el flash back existencial se colaba por la ventana, bullendo con irrefrenable ardor las remembranzas del sol de la infancia, el cosmos bebido y vivido a ras de tierra, pintado con las congojas y alegrías a través del espejo del camino, los ríos y cavernas del mundo circundante de aquel entonces, cuando la criatura viajaba (quién lo iba a decir, los futuros vuelos transoceánicos a países remotos) a lomos de la acémila barranco arriba o bajando cuestas a su paso, cargada de esparto, odres de aceite o vino, o serones rebosantes de aceituna, almendra o cañas de azúcar, o capachos con bebé a bordo o mujer con dolores de parto, inhalando aires vírgenes, viriles, de libertad soñada, oliendo a campo, a pinos de primavera, a caquis o caciques acotando horizontes sin miramiento, aunque los chiquillos se reían de todo ello, saltándoselo a la torera, chillando alborozados como golondrinas en primavera, saltando de matojo en antojo, de bancal en bancal, trepando por las tapias o tejados vecinos, bañándose en las pozas del río de la Toba o en las albercas cubiertas de verdín con el croar de ranas, que vestían la vida de sentido y pan bendito, saciando las hambrientas gargantas.
   Y así se circulaba por los vericuetos de la existencia con la escritura a cuestas en pos de algún coscurro literal que echarse a la boca, topándose en el sendero con hoyos, cascajos o lajas con un polvo pegajoso, y Humpty Dumpty, que entró de repente en escena, sabiendo lo que se hacía, pues cuando usa una palabra, esa palabra quiere decir, ni más ni menos, lo que él quiere que diga.
   Y viene a cuento  con las historias montadas en los circos de la vida, como si se proyectasen sombras chinescas  o representaran títeres de la cachiporra. En la traducción se le denomina Fablistanón, con las correspondientes gitanjáforas del jabberwocky, el mejor poema sin sentido escrito en lengua inglesa por Lewis Carrol, incluido en la obra "Alicia a través del espejo", que dice así, desmitificando las señas de identidad del significante y el significado: 
   "Borgotaba. Los viscoleantes toves,
rijando en la soleá, tadralaban...
misébiles estaban los borgoves,
y algo momios los verdos bratchilbaban
¡cuidado, hijo, con el Fablistanón!
¡con sus dientes y garras, muerde, apresa!
¡cuidado con el pájaro Sonsón!
y rehúye al frumioso magnapresa!...

La versión estandarizada:
Cuidado con el pájaro Sonsón,
y rehúye al frumioso Magnapresa!
Blandiendo su montante vorpalino
al monstruo largo tiempo persiguió...
Bajo el árbol Tumtum luego se vino
y un rato cavilando se quedó.
Y estando en su aviesal cavilación,
llegó el Fablistanón, ojo flagrante,
tufando por el bosque fosfuscón
y se acercó veloz y burbujante.
Un, dos! De parte a parte le atraviesa
varias veces el vorpalino acero;
y muerto el monstruo izando la cabeza
regresó galofando muy ligero.
¿De verdad al Fablistanon has muerto?
¡Ven que te abrace, niño radioroso!
¡Hurra, hurra! ¡Qué día ristolerto, risoto, carcajante y jubiloso!
   Es de todos conocido que la labor capital de la prensa es informar, acercar la noticia al ciudadano, una vez verificada y contrastada sin tapujos, no llevando el agua a su molino ni pescar en río revuelto lo que discurre por renglones y parágrafos, debiendo beber en impolutos veneros y fuentes más fidedignas.
   No se puede por menos que reconocer la necesidad que tiene la sociedad de estar informada a todas luces para que el oscurantismo no le ciegue a la hora de tomar decisiones, dando gato por liebre, y no le aporreen la puerta con interesados guiños o milagreros trucos de aletargada áspid disparando a muerte más tarde con envenenados dardos.   
   No hay que olvidar que el meollo de la cuestión ya lo dejó aclarado el personaje de Alicia, al tener la sartén por el mango. Y dicho y hecho; y como en aquel tiempo de la gestión de la Creación se volviese a decir de nuevo, Hágase la luz y la luz fue hecha, y con tales mimbres de la paga vitalicia más pagas extra y otros honores, se dispuso Virtu a ensamblar las páginas de su biblia apócrifa, en la que figurasen al detalle los entresijos y vicisitudes y meandros de su mundo entre fogones y hoguera de las vanidades, erigiéndose en ama y señora de la situación, enarbolando la bandera de las puyas, las altiveces y endiosamiento más endogámico, disponiendo en todo tiempo y lugar los ingredientes al respecto, zanahorias, lechugas, pimientos y bazofias sui géneris que se echan en la olla para hacer el caldo, a fin de que con su grandilocuencia culinaria y otras hierbas al canto preparar platos de escándalo, y así seducir al colesterol y a los comensales despertando el apetito, el fervor y una autoestima sin precedentes en la historia de los chef de corte palaciega y de reinos, extendiéndose sus innatas dotes gastronómicas y desparpajo singular, vasta es Castilla, a lo largo y ancho de la flor y nata del mapa hostelero, maniobrando señera con la almirez, el ajo puerro, el ojo, los rabos de toro, la casquería y todo cuanto obrase en su órbita de cocción, ave que vuela a la cazuela, haciendo de su capa un sayo.    
   Y en efecto, en los procederes rutinarios y expresiones corporales o poses se atisbaba un aire cansino, una especie de ritmo cancioneril rememorando la canción, "Bartolo tenía una flauta con un agujero solo, y a todos daba la lata con la flauta de Bartolo"..., sentando cátedra con la creación de los más ricos y sensuales cimientos de empanadillas, roscos, pestiños y otros dulces, así como en el trapicheo de las matanzas con chicharrones, longanizas, morcillas y demás trabajadas carnes.
   En las relaciones interdisciplinares de los estratos sociales, ella dulcificaba las témperas y composturas escenificando según la ley del embudo, de suerte que lo que percibe el ciego, focaliza el loco o corrobora el peso de la razón lo descomponía como un puzzle por arte de birlibirloque, y en un juego malabarista lo pasaba todo al baño maría a través de sus aguas antojadizas, llevando a cabo exorcizaciones referentes al caso, transmutándose misteriosamente en panorámicas postales o increíbles pasteleos, pistolas de feria o puñales o repentinos barruntos que no están en los escritos de padre y muy señor mío.
   Cual otro Maquiavelo, maestro de aviesas trapisondas y secretas tortas o sediciones, iba atizando el fuego a cualquier precio, siendo más efectiva en las distancias cortas, como los aromáticos desodorantes, si bien a solas entre la sierra y el mar o entre cuatro paredes la cosa era más cruda, de modo que el valentón de la cuadrilla se echaría a temblar poniendo pies en polvorosa, al encontrarse con tanta tela que cortar y tanto tocino añejo y en su presencia, en trance de afilamiento de cuchillos, confeccionando la repostería con suma fertilidad y rutina, con el acicate del dicho popular, el comer y rascar, todo es empezar.
   Cuando alumbraba o fisgaba algún manjar, anhelaba probarlo a toda costa o conquistarlo militarmente al instante, cual otro Bonaparte en los campos de batalla, y cuando su carburante menguaba, se iba desinflando como flor temprana, huyendo atolondrado de su regazo el desasosiego y la intemperancia, viendo el cielo abierto la mesura y la bonanza.
   Alguien que se encontraba en la otra orilla del río se reía de todo cuanto sus oídos veían, al vislumbrarse un mundo del revés a través de los cristales de su parlamento:
   -Y es que tiene guasa, vamos -sic-, con la de  trofeos que atesoro, no me entra el argumento de la obra, el comulgar con ruedas de molino o raros advenimientos en la convivencia.
   Y estaba Virtu en el convencimiento de disponer tan sólo de tres telediarios en sazonados razonamientos, no sintiéndose con fuerzas para sobrellevar los desbarajustes, y menos aún vivir de rodillas, ni adorar iconos de oro o soportar agrias concepciones machistas. Porque pensaba que ya tenía los colmillos retorcidos, y curtida en mil batallas.
   En los recintos enjutos, se captan mejor los codazos, exabruptos o provocaciones que se tienden a alguien, y hay que coger el toro por los cuernos, que diría el castizo, siendo necesario discernir cuanto antes el grano de la paja.
   -Stop, Virtu, sabrás que los buñuelos están llorando, la masa o levadura o aceite o el cante que danza en lo hondo de sus notas resultan hoy infumables.
   -Un momento, espera que pruebe. Hay que saborear con parsimonia y mucha paciencia para hallar el punto, las exquisitas interioridades que encierra, gloria pura es, así me sabe, quizá sea el mejor que haya hecho en mi vida.
   -Un momento, Virtu, observa el olor, parece que exhala tintes estrafalarios que nunca antes habían aflorado en tu quehacer repostero, porque tus dedos confeccionan unos productos fuera de lo común, tanto es así que se puede testificar ante notario que no tienes rival en el vecindario, sin embargo la genuina esencia de hoy comparada con la de otras apoteósicas mañanas brilla por su ausencia, por lo que hay que hacerlo saber, y al pan, pan ... y no se hable más.
   -Estaría bueno, digo, las alegrías y las penas que conllevan tales labores no las entiende nadie, pues requiere un no sé qué y talento, eso es talento, sin los cuales nada llegaría a buen puerto, y puedo exclamar a los cuatro vientos los delicatessen que preparo, invitando al personal a escuchar los susurros, cómeme, cómeme, cómeme ...
   -Vale, Virtu, pero lo salado como lo insulso también rezan en los aeropuertos, en los vaivenes de la vida y en la cocina, y a veces murmuran más de la cuenta en ciertos platos, empanadas o frituras. Tales disfunciones existen y tienen lugar porque la manecilla del reloj no se ajusta a su punto de enganche, o quizá no se conduce con tiento, originando inesperadas paparruchadas o hediondas viandas, y se espera que se imponga la cordura y la pulcritud, controlando los hervores de la olla, y no dar lugar a que las cañas se conviertan en lanzas, tan gélidas y frías que revienten de pena, o explosionen como bombas, y haya que salir huyendo antes de tiempo al expandirse el fuego, envalentonándose en las venas ya casi estranguladas, viéndonos abocados a la inmolación o destrucción de la vivienda, si no acuden con premura los bomberos de guardia.
   -Eso a buen seguro que nunca sucederá, aunque de todos modos dependerá según quien caiga, ya que está una al quite del menor amago.
   -Bueno, sin embargo, hay que reconocer que no es oro todo lo que reluce.
   -Lo que rumio en tardes de fría plata, es que si volviese a ser concebida (sin ninguna connotación virginal) esquivaría cualquier nupcia, y seguiría masticando el celibato de por vida, renunciando a los parabienes y prebendas y agasajos de l@s abuel@s sumergid@s en un mar de velas cumpleañeras, decorad@s con suculento fruto, flores y copiosa compaña: retoños, nietos, bisnietos, tataranietos, y fotogénicos álbumes al por mayor.
   En un fantasmagórico y rocambolesco cielo estrellado, pleno de inconmensurables boatos, ínsulas y humos celestiales que penetran por los intersticios cerebrales, y van engordando de tal forma la masa gris en el discurrir y obrar, que elimina el sentir de los demás en un incesante estirarse como chicle o gigantesco kinkong perdonando vidas o empujándolos al averno con furia, cual insecto que enturbiase el pensamiento, imposibilitando una sensata coexistencia con tan peculiares hazañas altivamente soñadas.
Cae el telón, y cada mochuelo a su olivo, haciendo mutis por el foro del crepúsculo.
             

miércoles, 18 de mayo de 2016

Lili. (Historia en un ascensor)






   Jugaba con la idea de matar un bisonte y beber la sangre para escribir una historia, gestando de ese modo el alumbramiento, mas luego se le atragantó.
   Las vacaciones de Nuño coincidían con la Semana de Pasión, y estimó conveniente viajar a un lugar tranquilo y ameno lejos del torbellino humano, procurando no dar pistas a los amigos de lo ajeno por aquello de los imponderables.
   Con las mismas, se acercó a la agencia de viajes más próxima a fin de consultar tarifas y ofertas, y tras tantear las ventajas e inconvenientes cotejando precios y calidades se inclinó por la Costa Blanca, un destino costero nada desdeñable, con un clima ideal para la práctica de actividades náuticas y una luz especial para relajarse junto al mar, disfrutando del soñado descanso.
   Antes de dirigirse al refugio elegido, le apeteció reunirse una tarde con los amigos de toda la vida con vistas a reactivar las relaciones un tanto tibias últimamente, intercambiando impresiones, avatares o las más sorprendentes o golfas vicisitudes que les hubiesen acontecido en el transcurso de los días.
   Entre tanto concertó Nuño la cita en un céntrico pub a las cinco de la tarde, la hora del té, cual un empedernido inglés. Durante la reunión, se cruzaron casualmente por allí las amigas con una pupila irlandesa que estaba de intercambio cultural, se sentaron a la mesa y conversaron al abrigo de unas copas, dando un repaso a lo divino y a lo humano, crisis, desaires amorosos, goteras de la edad e inestabilidad laboral, que tanto desquicia a los jóvenes. Y concluyeron el encuentro a altas horas de la madrugada, despidiéndose efusivamente hasta la próxima ocasión, mas advirtiendo Nuño que Lili, la chica irlandesa de intercambio, que se alojaba en un complejo turístico de la ciudad, se iba sola, se ofreció a acompañarla, dando muestras de ser un caballero.
   Al ser Semana Santa, el tránsito por las calles se hacía engorroso y lento, generándose un gran estruendo con los tambores, banda de música, saetas y el gentío achuchando a calzón quitado por los claros, colándose por los costados de los pasos, y se aglomeraba en los aledaños y soportales para resguardarse de la humedad y el helor de la noche, tratando de no interceptar el religioso desfile, y sin apenas advertirlo, se les echó el tiempo encima, siendo ya las seis de la madrugada.
   Lili, caminaba más turbada que nunca por los contratiempos, sintiéndose azorada y nerviosa por la hora que era, aunque se sentía respaldada en parte por la compaña de Nuño, aliviando los sinsabores del camino, al ser harto pertinente y afable por el cuidado que ponía a fin de que no surgiera ningún problema durante el trayecto, llegando sana y salva a su destino.
   Conforme progresaban por las resbaladizas losetas de la travesía callejera, iban quedando atrás ruidos, olores a incienso y plazoletas decoradas con floreadas macetas de geranios y lirios, llegando por fin al ajardinado recinto del complejo turístico donde ella residía, que al ser primavera lucía las mejores galas, pensamientos, dalias, nomeolvides, siemprevivas, rosas y un sinfín de olores y colores que embriagaban el ambiente.
   Envueltos en las fragantes ambrosías, se dirigieron hacia el ascensor, pulsando el botón de llamada. Y sin explicarse la causa, veían que se resistía a bajar, sembrando desconcierto y desazón, volviendo a pulsar una y mil veces hasta que se dignó bajar, parando en la planta baja donde aguardaban.
   Nuño cedió el paso a Lili por cortesía, que daba muestras de cansancio tras la ajetreada jornada, al haber estado de un lado para otro recorriendo los puntos de interés cultural, así como boutiques y tiendas de moda, soñando con encontrar algún chollo.
   Una vez dentro del ascensor, cuando se las prometían muy felices, pudiendo acariciarse sin cortapisas a la luz de la luna interior, de repente se paró el ascensor quedando a oscuras, y Nuño, como el hombre lobo, reaccionando como un loco, se abalanzó sobre ella, apretándole el cuello a sangre fría, intentando lo peor, según los aspavientos que hacía, con los ojos vueltos y mordiéndose desesperadamente los labios; tal comportamiento se debía, al parecer, por un golpe de pánico claustrofóbico, unido a unos ramalazos de psicópata, que le acababa de diagnosticar el especialista en el último reconocimiento rutinario de la empresa, como más tarde se supo, y llevado por tales impulsos masticaba tintes de muerte, y como viese que no se desplomaba, le arrancó los pantis enroscándoselos como una anaconda al cuello.
   En el exasperante y cruel combate a vida o muerte que libraban, al abrírsele a ella una pizca el ojo instantáneamente y percatarse de que podía hacer algo más por defenderse, en un desliz de Nuño se quitó el zapato de tacón fino y se lo hincó en los huevos con todo el coraje que le hervía en las venas, cayendo redondo al suelo.
   El ascensor continuaba cerrado y sin luz, pese a que había vuelto el fluido eléctrico, ignorándose el motivo, tal vez un cortocircuito ocasionado por los bruscos zarandeos en su interior, o a lo mejor era un apagón más a los que graciosamente nos tiene acostumbrados la compañía eléctrica, permaneciendo el ascensor empotrado entre la tercera y cuarta planta.
   En aquellas entremedias, los vecinos que subían por las escaleras protestaban por las escasas revisiones que se le realizaban al ascensor, y llevados por la curiosidad pegaron la oreja al hueco de la escalera por si se hubiese quedado encerrado alguien dentro por avería; más tarde, otro vecino se acercó para utilizarlo, no consiguiéndolo de ninguna de las maneras.
   Al cabo de un tiempo, que se hizo eterno, despertó Nuño del profundo choc en el que se hallaba sumido por el  golpe recibido, mientras Lili andaba semiinconsciente, como dormida, y tan pronto como se puso en pie Nuño, volvió a la carga y se lanzó sobre ella en un intento desesperado por violarla, ejecutando una llave para tumbarla aún más, cayendo al suelo a medias, porque su cuerpo no encajaba en el escueto recinto, quedando de una manera estrepitosa, pasando los estertores de la muerte.
   Sin embargo, en un ínterin casi sepulcral, entreabriendo Lili un ojo con mucha dificultad, pudo endosarle varios puntapiés en el pecho, provocándole intensos vómitos de sangre, quedando atrapado entre las llamas sanguíneas, sorprendiéndole después un carrusel de convulsiones al no haber tomado las medicinas del tratamiento junto con el excesivo alcohol ingerido en el pub con los amigos, cayendo en un delirium tremens.
   Entre tanto Lili, haciendo un esfuerzo titánico dentro del calamitoso estado en que se hallaba, habiendo echado la bilis y más por las salvajadas propinadas por el sicópata, y cuando ya se daba todo por perdido, de repente se le enciende una luz en el cerebro que le urge a registrar el bolso, que andaba rodando por el suelo, encontrando un corta uñas muy viejo, que nunca había usado, y se lo clavó en un plis plas en los mismos ojos, empezando a sangrar como un monstruoso verraco el día de la matanza, discurriendo un reguero de sangre escaleras abajo.
   Los vecinos, al advertir el raro color del líquido, se alarmaron sobremanera pensando que hubiese moros en la costa, que algún terrorista se había inmolado, y estaban que se subían por las paredes y con el alma en vilo, por lo que avisaron de inmediato a los Cuerpos de Seguridad del Estado.
   Tan pronto como recibieron la noticia los agentes, se personaron en el lugar, abatiendo la puerta del ascensor con todas las precauciones, cumpliendo a rajatabla el protocolo en tales casos, pues había indicios fundados de que en el interior se guareciese un nido de terroristas suicidas, y explosionaran de pronto diversos artefactos adosados al cuerpo exclamando, Alá es grande. Pero cuál no fue la sorpresa cuando al abrir la puerta de la cabina se toparon con un Nuño moribundo, sin pulso, casi listo, y Lili bañada en la pena, respirando a malas penas, como rescatada de un horrible naufragio.
   A continuación llegó el Cuerpo de Urgencias, y tras comprobar que Nuño no daba señales de vida, pasó a manos del forense, quien, tras un exhaustivo reconocimiento, acabó certificando el fallecimiento del sicópata, mientras Lili ingresaba en la UCI toda achicharrada por tanto sufrimiento aunque esperanzada, y al cabo de una dura y dolorosa semana, el domingo siguiente al de Pascua resucitaba, cual otro Cristo, recuperada de aquel mal sueño que la tuvo tan cerca de Caronte, recibiendo gozosa el alta médica, regresando a su tierra en el primer vuelo, un pueblecito costero de la verde Irlanda, donde las gaviotas planean por los aires felices y contentas chillando a sus anchas, si bien con más ímpetu si cabe aquel día al reparar en la presencia de Lili saltando por el rebalaje de las azules aguas marinas con una lágrima de alegría en la mejilla.                                                                    
        

  


domingo, 1 de mayo de 2016

Pegar la hebra





   No podía entender lo que pasaba en su derredor, o cómo diablos había cambiado tanto el escenario al viajar a un país no tan lejano aunque desconocido para él, habituado como estaba a la ancestral rutina, las doce uvas, la tortilla española, las migas de Torrox, las tortas de Algarrobo o las cañitas con los de siempre en el barrio que lo vio nacer en la luminosa capital del Sur de Europa.
   Y al poco de los primeros balbuceos, sin apenas darse cuenta, acaeció que estando allí vinieron a caer en sus manos unos papiros o  pergaminos de mil años de antigüedad en los que se podía leer: "En ese momento, Sherezade, dándose cuenta de que se acercaba la madrugada, calló discretamente.
   Pero cuando llegó la noche siguiente...
   Ella dijo: -He sabido, oh rey afortunado, que Alí-Ben-Bekar cantó de este modo:
¡Escucha, oh copero! ¡Es tan hermoso mi amor que, si poseyera todas las ciudades, las cedería en seguida por tocar con mis labios una sola vez el lunar de su ingrata mejilla! ¡Su rostro es tan bello que incluso el lunar le sobra!...
   Y mientras estos renglones desgranaba, llegando la hora del baño allá por el Golfo Pérsico donde pernoctaba, confluían aquel día dos almas incomunicadas, solitarias, sumidas en la pena, contorneándose en los confines de las olas, atragantándose las horas, inquiriendo con frenesí, zambulléndose en el artificioso brazo o balneario marino acondicionado con mimo por los mandamases petrolíferos, expurgando sueños, señas, cicratices y enrarecidos cócteles de mondas vitales en ese Mar Arábigo como fondo, que se mecía lúbrico bajo los ardientes rayos solares desafiando al desierto que asomaba provocativo al alba expandiendo sus brazos en un carrusel de espejismos y dunas y más dunas, como si fuesen barricadas.
   El suave oleaje de la balsa marina exhalaba una tierna brisa que se filtraba por las celosías del espíritu acariciando a ratos la cara y los más íntimos pensamientos.
   Ella no dijo nada,  y se fue cabizbaja, algo pensativa, con las sandalias llenas de arenilla fina adherida cansinamente a sus alas.
   Se sentían los ecos de silencio de siglos en la estela que deslizaba por el trayecto rumbo al refugio de secretos (con burka?, de comprometidos afanes, presentimientos y ansiadas esperanzas.
   Las monumentales torres, las vastas estancias y las dulces flores del entorno dubaití sustentaban ufanas el faraónico esplendor, el talle, el embrujo de los jardines colgantes de Babilonia y el carisma de Alá en aquel paraíso terrenal, plantando cara al verdugo del tiempo que fluye río abajo hasta desembocar en la mar, así como al tic tac de la monotonía y el olvido, enraizando el quejido en la árida estepa del vivir inundada de inanes anhelos que chorrean y deambulan plácidos o desnortados por las orillas del ocaso cotidiano, incrustándose en los tiempos del partido que se ha de jugar sin remisión cuando el rey despierte de nuevo del gran sueño tras escuchar las secuencias de las Mil y una noches de peripecias, andanzas y desventuras que vayan cayendo valle a bajo por la femenina boca y la vorágine de la corriente que discurre no se sabe adónde, o tal vez el misterio se agrande cada vez más musitando palabras de estupor, desconsuelo o feliz esperanza.
   Y percatándose Sherezade de que estaba próxima la madrugada, se relajó y enmudeció ...  
   Y después, a la noche siguiente ...
               

   

lunes, 21 de marzo de 2016

Operación Galatea








    (A Cervantes en el IV centenario de su muerte, 22 de abril del 1616) 
La frase cervantina: "Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades".

   De descarado plagio puede clasificarse el epígrafe de La Galatea de Cervantes con el alegre añadido de Operación, publicado hasta la saciedad en las principales portadas de los diarios más influyentes y sensacionalistas del globo, equiparándolo al sucio fango de las operaciones bancarias de narcotraficantes llevadas a cabo en los últimos tiempos.
   Si Cervantes levantase la cabeza y contemplara la faena en pleno ceremonial del IV centenario del fallecimiento, a buen seguro que la liaba y gorda y liándose la manta a la cabeza embarcaría de nuevo rumbo a Lepanto para resarcirse de tanta deshonra, aunque en el empeño perdiese el otro brazo, y, encorajinado, movería Roma con Santiago para desmontar los títeres y chiringuitos culturales erigidos a su costa denunciando los intereses espurios y las zancadillas, subrayando el poco aprecio y apoyo prestado por los mass-media al servirse del bucólico título para airear tan innoble causa, rozando lo escatológico, los vórtices del crimen, situándose en las antípodas del acervo cervantino, donde reina la fantasía y riela la roja luna, acariciándose dulces ternuras y cuitas pastoriles.
   Acaso la tribu periodística pretenda subvertir los prístinos impulsos cervantinos, recluyéndolo por enésima vez en lúgubres mazmorras, obligándole a revivir cautiverios con la espada de Damocles, forjando estratagemas, cual otra Sherezade, con el fin de zafarse de las malas artes, contando historias día y noche hasta caer en brazos de Morfeo el verdugo, logrando al fin ser liberado.
    Y de tales madres y taninos fermentaron en años posteriores los excelentes caldos y episodios con el beneplácito de musas y dioses del Olimpo, creando los maravillosos mundos de arcadias, quijotes, sanchos, dulcineas, barberos, curas, venteros, rucios y rocinantes retozando, ancha es Castilla, por la vida, urdiendo sin cortapisas Las mil y una noches entre Escila y Caribdis, batallas y desengaños, presidios y aventuras.
   Probablemente los afanes periodísticos sean hábiles artimañas o una coartada para darle la vuelta al monipodio crematístico de testaferros y acciones del crimen organizado tatuándolo con edulcorados eufemismos a fin de lavar la cara o adecentar las vilezas, trayendo a la palestra a su insigne figura arrastrados por el oleaje de historias que bullen en sus páginas, ya que por los torcidos renglones de su vasta producción transitan los más variados y ricos temas: amor, familia, educación, religión, orfandad, injusticia...
   Por otro lado, cabe pensar que no sea descabellado cobijarse bajo tan fértil y corpulento árbol con idea de extirpar tanta bazofia y gangrena, tanto entuerto y filibusterismo que pululan por los vericuetos del vivir, y sería frustrante que en los atavíos y alforjas no portasen algún remedio o remiendo para restañar rotos o descosidos, quejas o heridas del ánima acaecidas en todo tiempo y lugar según se discurre por los ásperos y polvorientos caminos.
   Las vivenciales corrientes y ríos de tinta cervantinos circulan por las más vívidas e irrefrenables ansias de libertad, justicia y cordura que imaginarse pueda, abundando en que no hay cosa más fuera de consuelo que la propia desventura. Abanicos de avatares y cavilaciones sin fin se revuelven a cada paso a través de sus lúcidas y sentidas creaciones.
   Resulta que lo que tenemos hoy hasta en la sopa, corruptelas, nepotismos, imposturas, desfalcos, histrionismos o encendidas utopías reverberan a raudales por entre los ramajes de aquellos bosquejados horizontes.
   Y Cervantes, como gato escardado, huye de la lepra de la incomprensión, el hostigamiento y la incongruencia con toques de cielo creando todo un mítico mundo con la palabra, donde ella vive y reina, patea calles y pone patas arriba lo execrable o al baño maría o en solfa los desmanes, preparando con sus mondas y virutas castillos encantados, pesquisas de carne y hueso o cataplasmas tanto para el cuerpo como para el espíritu.
   Por ende, si se observan los tramos y meollo de la Galatea, cuyo nombre es utilizado en los medios con la nomenclatura Operación para reseñar y resaltar la problemática del desvalijamiento a gran escala, donde la materia prima de tales operaciones no son las palabras sino los caudales, donde la bolsa suena, no es materia menor las pullas y soledades y lamentos de amor robado, pues poderoso caballero es don dinero, que van hilvanando a su manera los puntos y las puntadas en las fechorías y heridas, donde beben los osados informadores los sentidos latidos, como los versos que el viejo Eleuco, acompañándolo con el rabel, ruega a Artidoro que cante por haberle dado el cielo tal gracia, "En áspera, cerrada, escura noche/, sin ver jamás el esperado día/ y en contino crecido amargo llanto/ ajeno de placer, contento y risa/ meresce estar y en una viva muerte/ aquel que sin amor pasa la vida///..., recalcando que aquellos enamoradizos tallos hervían a borbotones en las hogueras vitales, cebándose sin reparo en las hálitos cervantinos.
   Y en las postrimerías, Cervantes, con el pasaje de Caronte en su poder, le dice al conde de Lemos, "El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir" ...
   ¿Y no es más cierto que la luz del día, que el manco de Lepanto sigue más vivo que nunca? ¿Alguien duda?